Archivo de agosto de 2010
Twitter es una herramienta fantástica para comunicar afectos. Aunque no hay piel de por medio ni contactos de manos o abrazos, la buena vibra se siente cuando un seguidor o seguido de sanas intenciones envía un tweet transparente como el agua y con él un trozo del alma.
Quién no se ha erizado cuando el tweet de turno es más o menos así:
“Mirando el sol…cálido como vos”
“En medio del crepúsculo…como durmiendo en tus brazos”
Sólo un insensible podría seguir indiferente a estas desgarraduras de afectos, a estas voces de la piel.
Las redes sociales han contribuído a la interconexión, a la búsqueda de amigos, al combate de la soledad. Sin embargo, no todo es color de rosa.
Cómo permanecer indiferente ante tantas manifestaciones de falta de delicadeza y solidaridad, de arrogancia extrema, envidia o ignorancia en las #redessociales. La cosa no es como para ponerse a cambiar el mundo y decretar una ley universal de humildad net. No, simplemente es que a veces nos invade la certeza de que estamos aquí para mostrar lo mejor de nosotros, lo que nos aleja del mono y nos acerca al hombre…y de que los seres humanos mostramos ese lado oscuro sólo cuando ya hemos perdido todas las esperanzas.
En twitter existen por lo menos 5 conductas -o plagas decimos nosotros- que podríamos evitar. Si no lo hacemos no estamos dañando a nadie, lo se, pero me aventuro a creer que podríamos intentarlo. Veamos:
1. La arrogancia. Qué podemos decir de aquellos personajes a quienes en twitter los sigue medio mundo, todos les hacen retweet, menciones a granel, followfriday, followparty, followyourself y cuanto follow existe en el planeta. Su autosuficiencia es tal que no siguen a nadie, o apenas a unos pocos, no hacen retweet de ninguno ni mucho menos menciones…no, jamás!.
Sus tweets no traen pedazos de alma, sino una ceja levantada y un mensaje oculto por encima del hombro que dice algo así como:
-”Oh, tú existes?…realmente no me había fijado”
Da cuenta la historia de un pobre twittero que tras 3.000 tweets de saludos enviados diariamente a uno de estos personajes, al final de sus días recibió como recompensa de vida una frase célebre:
-”Hola”.
2. El egoismo. Hay gente en twitter que si pudiera se hiciera un autofollow y abriera una caja fuerte en un banco para guardar la información. Jamás se alegran con el éxito de los amigos, evitan hacer menciones de los logros ajenos, rechazan la interacción con el grupo, no contestan los saludos, no promocionan los eventos de interés general, y en fín: no comparten.
3. La Envidia. Creo que todos podemos identificar rapidamente a los personajes que la padecen: sus tweets llevan mucha bilis a la red, y cuando ven a un twittero con bastantes seguidores lo primero que dicen no es que los ha ganado a pulso y con mucha dedicación profesional, sino que los ha comprado por ahí con unos cuantos dólares de más o simplementemente que esos seguidores son spamers que le están vendiendo online hasta su propia partida de defunción. “Qué tiene él para merecer esa atención de tanta gente si yo tengo mejor perfil” -dicen, autoflagelándose los intestinos.
4. La vanidad. De cero a 100 seguidores: siguen a todo el mundo y saludan más que una candidata al miss universo. De 101 a 1000 ya los amigos iniciales empiezan a perder interés y son suplantados por unos nuevos. De 1000 a 10.000, comienzan a hacer listas con sus verdaderos “amigos dignos”, y cuando están en el renglón 10.001 a 100.000 borran todas las listas y ya apenas saludan y siguen, pues los demás que saluden y los sigan a ellos: son ahora muy importantes. Cuando llegan al millón de seguidores ya no son de este mundo!
5. La Deslealtad
-Hola
-Hola, cómo has estado amigo mío, no te había visto en mi TL en los últimos días.
- Ehhh, no. Imposible. Estaba revisando los borradores de la última conferencia que dicté en el encuentro mundial de nuevos twitteros del planeta marte. No creo que pudieras estar allí. No calificabas. Sólo fuimos los gurú del pajárito y cada uno de nosotros llevó una velita amarilla para cantarle a capela el happybday to you al mismísimo Jack Dorsey. Fuí el mejor!
-Por la conferencia?
-No, porque soplé con él!
Reflexiono en silencio acerca de todo esto y me desiluciona un poco. Pero el sentimiento de desazón pasa enseguida cuando me digo ensimismado bueno vale tú como que eres tonto no sabes que cada quien tiene derecho a hacer con su vida lo que le plazca…y en fin mostrarse tal cual es sin importarle un bledo su prójimo, que en definitiva no es suyo sino simplemente prójimo.
-Es verdad- repito.
Reacciono. Repiques de campanas. Murmullo de voces. Música de piano. Olor a incienso del sol a medio irse.
Arrodillado en la tablita de madera de la iglesia, justo enfrente de la ventanilla del confesionario, le hablo al sacerdote:
-Padre, eso es todo lo que queria decirle de twitter. He pecado!
-Con cuál de las cinco, hijo mío.
-Con todas, padre!
-Pues le impongo entonces diez padrenuestros y cinco avemarías de penitencia para que se redima, y no vuelva nunca jamás a quebrantar sus valores ciudadanos por las andanzas con un pajarito azul.
Las personas solemos guardar con mucha devoción la imágenes de los momentos más estelares de nuestras vidas, no tanto porque queremos recordarlos -que puede ser el caso- sino sobretodo para demostrarle a los amigos más cercanos que efectivamente los hemos tenido.
Quién no ha sostenido o escuchado conversaciones como éstas alguna vez en su larga vida tan breve, como dice Vila-Matas.
-Te has fijado que hermoso él cuando era niño, provocaba comérselo de solo mirar esos cachetitos de durazno; y ese pelo! convendrás conmigo que se parecían a unos rizos del sol. Fíjate cómo ríe…
-Y tú, acaso no has reparado en estas fotos hermosas de mi primera comunión en las que estoy con cara de virgen en elevación a los altares del Espiritu Santo …mira que chulo, el Cura en bendiciones y yo en observaciones. Waoooo!
- Y ésta de la graduación en la universidad?….ahhh no. Fin de mundo, esa es pura perdición….
- Y la del matrimonio, no me vas a decir que no es un primor esa cara de idiota que puso Alberto cuando el Cura le preguntó si me aceptaba por esposa. ¡Claro que me iba a aceptar!: mi padre estaba sentado justo detrás de él.
Las fotografías son pues el mejor testimonio de lo que hemos sido y probablemente la causa de las más estruendosas carcajadas de la cuales haya tenido conocimiento la humanidad. Por supuesto, depende del nivel de desparpajo del oteador de turno.
En las redes sociales el avatar suele ser una fotografía o cualquier otra imagen que identifica – o da pistas – acerca del titular de la cuenta. Ahora, ¿un avatar ha de ser para siempre? debemos cambiarlo con frecuencia? conviene colocar sucesivas imágenes nuestras que no guarden relación entre sí? ¿es nuestro avatar un discurso?
Todas estas cuestiones nos inquietan y he allí por qué decidimos escribir esta entrada en medio de cavilaciones de insomnio. El resultado: estas 4 razones para concluir en la inconveniencia del cambio frecuente de avatar.
1. El avatar es nuestra marca. En el campo de la propiedad intelectual los atributos de una marca son: i) susceptibilidad de representación gráfica, y ii) carácter distintivo. Eso quiere decir que cualquiera sea el avatar que escojamos, para que tenga atributos de marca ha de ser claro, preciso, completo en sí mismo, facilmente accesible, duradero, y objetivo. Además, el avatar debe tener la cualidad de diferenciarse de los demás.
En las redes sociales ello importa mucho, pues gracias a ese avatar podremos diferenciar el origen, la frecuencia y la calidad de los contenidos que recibimos, respecto de las demás fuentes que igualmente son proveedoras de ellos en la red. Quién podría imaginar, por ejemplo, a Mac Donalds sin la M amarilla y a Nike sin la “pipa” o V acostada de la victoria. De ninguna manera. Posicionar la marca se traduce en quédate ahí en la mente de las personas y de ahí no te moveré ni te haré ningún cambio, a menos que el gran público demande un remozamiento. Por el avatar os conocereis!
2. Crea ilusiones. No me van a decir los adolescentes varones dentro de los cinco millones de seguidores de Lady Gaga, que la siguen sólo porque saben de memoria la canción “Bad Romance”, y en el caso de las chicas que siguen a Justin Bieber porque tiene cara de niña. ¡Si hombre, nos van a engañar con eso! La verdad es que el avatar de estos personajes inducen a los chicos a tener más de un mal pensamiento y expresiones que no reprimen y hasta tweetean sobre ello a los cuatro vientos sin que les importe un bledo.
Nosotros los adultos somos más conservadores. El avatar de algunos de nuestros seguidos o seguidores nos encanta y lo adoramos con discreción, en posición de culto. Hasta tenemos con ellos fantasías mojadas que se vuelven más secas que el desierto de Sahara cuando el dueño del avatar en cuestión – hombre o mujer - se le ocurre la bendita idea de cambiarlo y poner en su lugar la foto del perro que acaba de comprarse. ¡Por Dios, no es igual un avatar con traje de baño de la pareja Pit-Jolie en las islas fitji, que el hocico pinky de la perrita chihuahua de Paris Hilton!
3. Es nuestro primer discurso. La imagen primera y la que quedará fijada sin remedio en la mente curiosa de todos los que invertimos varias horas en redes sociales como twitter o facebook. Sabemos de personajes en twitter a los que han terminado mandando a la porra con un unfollow de vértigo por causa de un discurso visual inapropiado. claro, se suele dudar de quien no es coherente en el discurso, y esa incoherencia se manifiesta en la falta de armonía entre lo que se quiere transmitir, y lo que finalmente se trasmite.
4. ¡No cambia tu edad!. Esto es lo más divertido. Si a alguien se le ocurre hacernos un recuento cronológico en su avatar, mostrándonos el impacto progresivo que causa en él los efectos del tiempo, tal vez terminemos llorando a mares, como lo hicimos ya cuando leímos los Diarios de Sandor Márai. En ese diario, el escritor Húngaro nos narra, paso a paso, la grave enfermedad de su esposa y la forma cómo cierra él su diario y su vida con la frase ” ha llegado la hora”. Luego de eso se pega un tiro.
De ninguna manera, pues, cambie nada. Déje allí esa fotografía hermosa que tiene en el avatar, que le sienta muy bien y no la toque ni que se lo ordenen los mismísimos Mark Zuckerberg y Jack Dorsey. En ella usted no cumple años, no se arruga, no se enferma, no envejece (y si es ya viejo en la fotografía, no envejecerá más) …por lo tanto, no le dará usted la satisfacción a sus semejantes de verlo irse lentamente a dormir el sueño infinito del no retorno.
En fin, creo que lo he dicho todo sobre este asunto.
Salvo que estas cavilaciones las hago desde la sala de traumatología del hospital central, sitio de reclusión donde me encuentro en recuperación tras la golpiza salvaje de unos desconocidos a sueldo. La confesión de uno de ellos a la policía, dió cuenta finalmente que todo fue por encargo de una hermosa mujer 2.0 que se sintió burlada por mí en nuestro primera -y única- cita face to face 1.0, pues yo era un tipo horroroso -dicen que dijo- que ni remotamente se parecía a la la ilusión que le había creado durante varios meses el avatar con fotografía de George Clooney que tengo en mi segunda cuenta de Twitter.
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