Archivo de junio de 2010

Las personas con impedimentos para hablar se las han ingeniado a lo largo del tiempo para establecer a toda costa un mecanismo alternativo de comunicación con los demás. Desde los grabados en las paredes de las cuevas y subterraneos, pasando por los ruidos guturales, el grito, las señales de humo, hasta llegar a la escritura. Pero sobre todo, han tenido el silencio y vaya cuán profundo y prolijo podría ser el discurso silencioso de quien no tiene una palabra para dar.

Todo ello conduce a una conclusión evidente: al ser humano le gusta comunicarse con sus pares, pero sobre todo ama hablar, hablar sin parar y sin importarle mucho si nos escucharán. Por lo general, en una conversación de grupo el ser humano no escucha a los otros sino que espera impaciente su turno para hablar…sufre de incontinencia verbal.

En la calle, por ejemplo:

- Mi amor, que bella estás hoy, pareces una flor de esas que espero ver todas la mañanas al levantarme y oler en mi jardin para que mi corazón se despierte y me impulse a salir a  tu encuentro como quien sale al encuentro de la última coca cola del desierto -se oye el piropo desde la esquina de la plaza. !

- Ridículo – es la respuesta inferida. &&&&$$$”"”?????????%%%% (censurado el resto del discurso de ella, quien ni siquiera mira)

- ¿Y ésta que se habrá creído  -masculla entre dientes el inferido-  que por llevar esos pantaloncitos apretadados y tener ese porte de quinta finalista del miss Venezuela piensa que tiene derecho a  maltratarme así de esta manera, a mí que soy apenas lo mejor que viene quedando de la fauna masculina casi ya en extinción? … no hombre vale !! . Y por ahí se va él, refunfuñando y soltando como cien palabras por minuto en un discurso interminable para sí mismo.

En el juzgado…

- Señor Juez, de conformidad con el artículo 1578 del código incivil de esta república de hombres probos y no tantos, declaro la impertinencia y falta de idoneidad del valor probatorio de la pruebas  acopiadas y producidas en el debate probatorio por cuanto de las mismas no se desprende, con indubitable certeza, que nuestro representado fulano de tal…..wao !!!

En la Comisaría de Policía, en el acta del suceso:

“Trátase de cuerpo másculino de lividéz cadavérica en posición de decubito dorsal con orificio de entrada en el parietal izquierdo con salida en la oreja derecha presumiblemente ocasionado por arma de fuego disparada a corta distancia, pues se aprecia anillo negro alrededor del orificio…”

Así hablábamos, y así escribíamos.

Pero todo esto cambió. Un buen día,  a principios del siglo XXI,  a Twitter se le ocurrió que nuestro discurso 2.0 había de reducirse a 140 caracteres.

Fin de mundo!

Inmediatamente hubo una revolución: los piropeadores habituales se sublevaron por miles y marcharon hasta la Asamblea Nacional reclamando el derecho de mantener su interminable verborrea en la red del pajarito azul.

- “esta limitación viola nuestros derechos, es anti cultural, es anti-idiosincrático !

Los abogados, más conservadores, no marcharon pero dejaron sentada su protesta y juraron sobre la Biblia primero muertos que acortar sus brillantes discursos en los estrados de la red 2.0.

- “ A ese pajarito azul somos capaces de demandarlo en litis consorcio activa todos los abogados del planeta. Qué se habrá creído” – dijeron a voces.

Por su parte, en las comisarías de policía los funcionarios callaron. Sólo se escuchó decir a uno de ellos, entre dientes:

- ” Si nos piden adelantar el reporte por twitter, nos fregamos ”

Como en las telenovelas, pasó un año. Hasta los más reacios se fueron adaptando, y cuando alguien les preguntaba a veces sobre el cambio por la nueva tecnología, decían, repitiendo a un filósofo venezolano, “estamos mal, pero vamos bien”.

Al cabo de ese año, los cambios eran evidentes y sorprendentes:

El piropeador:

-  ¿ Mamita, me dejas teclearte ?

El abogado en estrado:

- Señor Juez, reproduciendo el mérito favorable de las pruebas, declare sin lugar la pretensión demandada !

En la Comisaría, preparando reportes 2.0

“- Trátase de cuerpo masculino con disparo a quemarropa en la cara”

Dejé de cavilar sobre estos cambios que produjo Twitter en la gente.

No obstante, como reparando por primera vez que yo formaba parte también de esos cambios, me sobresalté y dije, cónchale cómo expresarle a la mujer de mis sueños todo lo que he escrito hoy para ella, esas frases hermosas que desde este hotel a solas se me ocurren en su ausencia  y que suenan más o menos así:

“Mi lejanía presente en este instante en que te estoy pensando, podría ser al mismo tiempo una lágrima tuya que quisiera ser río y venir a mi encuentro y llevarme contigo y volver a ser gota no ya de lágrima, sino de sudor de nuestros cuerpos juntos”.

-Me fregó Twitter, dije.

Cinco minutos después me senté de nuevo al computador.

-No, dije sonriente.

Abrí mi cuenta de twitter, borré la frase anterior que excedía de 140 caracteres, y en su lugar simplemente escribí como DM:

-  “Te amo “.

Mucho se habla en estos tiempos del poco interés de los adultos de la tercera edad  por las nuevas tecnologías; parecieran éstas cosa de los adolescentes, de gente 2.0  o nacidos en  la era de Michael Jakson, Britney Spears, Shakira, Cristina Aguilera, Beyonce, Lady Gaga o Justin Bieber.

En todos los tiempos, desde la invención del fonógrafo al teléfono, pasando por el cine, la televisión, la radio, las emisiones satelitales,  y más recientemente Internet y los dispositivos móviles convertidos en verdaderos puertos de comunicación, ha habido gente que se ha rezagado, que ha sido reacia a los cambios, a las nuevas formas de encarar la comunicación, pues en ocasiones el cambio se mira con temor, con incertidumbre y como algo que distará mucho del habitué de nuestra zona cómoda.

Es una cuestión de seguridad, de sentirnos cómodos con lo  que conocemos y expectantes ante aquello que promete cambios pero que no sabemos si al final terminará dando al traste con nuestro pedacito de confort. 

En resumen, el hábito por las nuevas tecnologías es inversamente proporcional a la edad; a más edad menos  amor por la tecnología.

Mi abuela es la excepción.

Un domingo de visita familiar -confieso que no son muy frecuentes- la encontré en su casa, sentada frente a una computadora portatil, chateando con una amiga virtual de la Polinesia Francesa, abiertas todas las ventanas de las redes sociales, un Ipod de ultima generación conectado a los oidos  y un Ipad recien comprado que prometía empezar a usar, para agarrarle el paso.

- Hola nieto – me dijo. Ya te enteraste que bastó apenas unos meses desde la salida de Bill Gates de la presidencia de Microsoft, para que Steve Jobs se adueñara del mercado?

-Era predecible -remató.

“Era predecible” -repetí para mí las últimas palabras de la abuela - al tiempo que pensaba definitivamente este mundo se ha vuelto loco,  mi abuela prediciendo el futuro del mercado de la tecnología …no te digo yo: fin de mundo !!

Confieso que no se quién ha inculcado en la abuela ese amor por la tecnología, cómo y cuándo operó ese cambio radical en ella, y los más desconcertante dónde diantres está el abuelo y qué rol jugaba en aquella casa donde ya se hablaba más de Bill Gates - William Henry III le llamaba mi abuela - que de los tangos de Gardel, los ensayos de Borges  o la Poesía de Rafael Cadenas.

Dejé a la abuela en su computadora. Fuí al estudio del abuelo: allí estaba recostado en un sofá, en medio de una pila de libros por doquier, un sillón de piel a medio desgastar, una lámpara de luz muy clara, una fotografía matrimonial: él de frac, ella de blanco, con un vestido de cola infinita en primer plano…dormía.

Regresé con la abuela. Fuí directo al grano.

-Abuela y esto ?.

- Esto qué ? 

- Pareces una carajita, abuela.

Mi miró con cara de reproche, se encogió como quien va a dar un salto y me dijo:

- “Esto” , querido nieto, es un salto adelante. Mira para que veas:

1. “Esto” me ha alejado de la soledad. Ya no estoy sola, me conecto, uso mi tiempo  libre en encontrar nuevos amigos aunque virtuales, lo cual acrecienta mi esperanza de que algún día los conoceré y podremos tomarnos un té todos juntos – tu abuelo incluído por supuesto -y hablar de cuando eramos jovenes y prometíamos cambiar el mundo. No sabes nieto cuán dolorosa es la soledad.  Ve aprendiendo: la compañia de los otros es una fortuna que se pierde con los años.

2. “Esto” es un médico en casa.  Te confieso que no se qué hago primero cuando se agudizan los achaques: llamar al médico o conectarme a Internet para buscar los síntomas y sus prescripciones. Tú sabes, los adultos tendemos a la hipocondria, y yo gozo de lo lindo teniendo a mi disposición, a la velocidad de un click, todos los diagnósticos posibles. Que cuál escojo entre tantos: cuál va a ser, el que mejor me convenga, jajaja.

3. “Esto” recuperó mi discoteca. No sabes cuán felíz me siento de tener lo que tu llamas “esto”, y que me permita, con tan sólo un dispositivo minúsculo, recuperar esas canciones que hasta ayer permanecían apiladas en mi colección de álbumes de vinilo de 33 revoluciones. Ahhh, que maravilla !

4. “Esto” es el amigo más complaciente. Que perro ni que perro, “esto” es el mejor amigo del hombre. A un computador, por ejemplo, le escribes, lo tocas, pasas todo el día con él, te permite que te conectes con los otros y no se pone celoso, le hablas y calla, no te replica, no te acosa… lo dejas cuando quieres y vuelve cuando lo llamas…es amigo silencioso.

5. Finalmente, nieto, “esto” es un antídoto contra la impertinencia.  Que maravilla, nieto, cuando tu abuelo se pone crazy y empieza a refunfuñar por cualquier cosa, a hablarme de las batallas de la Independiencia de España y darme los detalles sangrientos  de cómo mataron a su padre en el mismo trecho donde aparecía el silbón, te juro que me entra una ansiedad profunda y lo dejo hablando solo y enciendo la portatil.

- “Este es mi chance ” – me dije.

- Abuela, y qué ha habido con el abuelo, lo encontré solito por allá, dormido en su estudio de siempre, en su maravilloso mundo offline.

La abuela me miró con cara de reproche, como si le hubiera recordado algún episodio infelíz. Me dijo que discutía con él a menudo porque no  ha querido seguirla en sus inclinaciones por las nuevas tecnologías, que le cuestionaba su afan de dar el salto.

- Y qué hiciste, abuela ?

- Le di unfollowback !!