Archivo de enero de 2010
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Cuántas veces nos sentamos frente a nuestro computador con el propósito de escribir unas cuartillas y nos conseguimos con la indeseable situación de que las palabras parecieran ocultarse en lo más recondito de nuestro cerebro y al final nuestras ideas no fluyen, se detienen, se hacen huidizas.
Lo anterior puede ser porque nuestro estado de ánimo no esté en el mejor momento para desarrollar una linea de pensamiento, porque no hayamos coordinado las ideas, porque el ambiente no se presta o en fin porque no estemos muy convencidos de lo que queremos decir.
No obstante, hay quien pretende expresar sus ideas sin importarle un bledo la intensidad de su fuerza interior al crear.
Produce usted porque siente la necesidad urgente de expresar ciertas ideas o sentimientos, o lo hace motivado por el deseo de aplauso?
En el autentico artista -dice Russel- el deseo de aplauso, aunque suele existir y ser muy fuerte, es secundario. En cambio:
“el hombre cuyo motivo primario es el deseo de aplauso carece de una fuerza interior que le impulse a un modo particular de expresión”.
So, banalidad out !!!
Italo Calvino, señala en su libro titulado Seis Propuestas para el Próximo Milenio, tres acepciones para el término Levedad: i) un aligeramiento del lenguaje, mediante el cual los significados son canalizados por un tejido verbal como sin peso, ii) el relato de un razonamiento o de un proceso psicologico en el que obran elementos sutiles e imperceptibles, y iii) una imagen figurada de levedad que cobre un valor emblemático.
Y a própósito de esta última acepción dice:
” La escena en que Don Quijote clava su lanza en un aspa del molino de viento y es izado por los aires ocupa unas pocas lineas en la novela de Cervantes; se puede decir que el autor ha invertido en ella un mínimo de sus recursos de escritura; no obstante, es uno de los momentos más famosos de la literatura de todos los tiempos”.
Muriel Barbery, escritora Francesa, profesora de filosofía, ha escrito un libro extraordinario titulado: La Elegancia del Erizo, muy recomendable, en el que entre tantas cosas maravillosas sostiene:” Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren”.
Julio Ramón Ribeyro, Peruano, es uno de esos escritores casi míticos cuyos lectores no nos cansamos de deleitarnos con su obra extraordinaria.
Prosas apátridas – libro reverencial- es una sumatoria de pequeñas delicias en prosa, en las que sostiene, por ejemplo:
“El amor, para existir, no requiere necesariamente del consentimiento, ni siquiera del conocimiento del ser amado. Podemos querer a una persona que nos desprecia o incluso que nos ignora. La amistad, en cambio, exige la reciprocidad, no se puede ser amigo de quien no es nuestro amigo. Amistad, sentimiento solidario, amor solitario. Superioridad de la amistad.”
El gran escritor Bulgaro, Elias Canetti, en Apuntes (1973-1984), deja constancia de su amor a los libros de su biblioteca, y a los libros en general, así:
” Me duele pensar que los libros caerán en manos ajenas o que incluso se venderán, me gustaría que permanecieran donde están ahora y que yo pudiera visitarlos de vez en cuando sin ser visto, como un fantasma”
” Vivo entre muchos libros y extraigo una gran parte de mis ganas de vivir del hecho de que aún leeré la mayoría de ellos”
” Entre mis libros se hallan las mayores de todas las exquisiteces, y yo, yo he vivido con ellas”
Fernando Savater dice que más que la felicidad el hombre debe buscar la alegria, pues la felicidad es una utopia. No existen estados de felicidad absoluta ya que sólo serían posibles si una vez alcanzados esos estados de felicidad, el hombre ya no no tiene nunca más estados de infelicidad. Por eso prefiere los estados de alegria; el ideal del hombre debe ser proveerse de mayores y mejores momentos de alegría, pues mientras más tenga tanto más se acercará al ideal utópico de felicidad.
Fernando Savater aconseja que no hay que temer a la muerte porque con ella ocurre exactamente lo que ocurre con el tiempo que precede al nacimiento. Dónde estábamos y qué era de nosotros antes de nacer, qué de esos miles de años transcurridos antes de nuestro nacimiento. De igual manera, al morir, el hombre se enfrentará a un tiempo eterno del que nada sabremos, igual al que precede al nacimiento.
J.L.Borges recomendaba leer a Chesterton, Conrad, Kipling, Schopenhauer y sus libros de cabecera eran, entre otros, las Mil y una noches y la Historia de la Filosofía Occidental, de B. Russell.
He comenzado el año con mi propio blog, y lo he titulado EL BASTON DE BORGES, por dos razones: como amante de la literatura, Borges es mi autor favorito, y el bastón es sólo una metáfora en la que me apoyaré para reflexionar y contar sobre temas diversos, especialmente referidos a la literatura y el derecho. Dios nos guie en esta empresa!!!!
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