Muchas personas con cuentas en twitter, facebook o cualquiera otra red social hemos empezado a pensar seriamente en el destino de éstas, una vez que nos larguemos sin retorno y sin followers directo al otro mundo. Las inquietudes son muy simples: ¿la muerte física implica necesariamente nuestra muerte online?, ¿puede una persona -en un acto de última voluntad- encargar a un tercero la administración de sus cuentas y seguir tan campante en la red como si nada hubiera ocurrido?.
No es un asunto menor.
Hay por lo menos dos posibilidades de acción en estos casos: i) nos morimos como se muere todo el mundo y damos por asumido que cualquier vestigio de vida nuestra ha de desaparecer inmediatamente de la faz de la tierra, incluyendo -por supuesto- nuestros perfiles online, y ii) no nos damos por vencidos y más bien trazamos unas directrices para que un mandatario vivito y coleando asuma el rol de mantener las cuentas, con expresas indicaciones de no salirse ni una pizca de nuestras propias reglas de conducta…un clón online, pues.
Si éste último fuera el caso, podría tener la decisión algunas repercusiones éticas, morales, y hasta jurídicas si no se aclara de antemano que la cuenta ya no está siendo atendida por el muerto, sino por un vivo de carne y hueso. Si maliciosamente se mantiene en secreto la muerte del titular de la cuenta con el propósito de hacer ver que es él quien sigue twitteando, no dudamos que en vez de uno, serán dos los difuntos. El bendito clón terminará tarde o temprano descubierto y apaleado sin piedad por la legión de seguidores burlados, quienes no soportarán haber estado interactuando con un desconocido, creyendo que lo hacían con aquel a quien seguían y que yace ya dos metros bajo tierra.
En todo esto cavilaba el twittero, y dijo:
-!No, ni de broma!. En mi condición de abogado elaboro ya mismo el testamento.
Inmediatamente puso manos a la obra. Fue al estudio y sin demora redactó lo que fué dado en llamarse: Las Top 5 claúsulas del testamento del twittero, que fueron suyas pero que bien pueden servir sin duda a cualquier twittero que tenga en sus planes morirse algún día. !Uno núnca sabe!
Hélas aquí.
Quién suscribe, JRF, mayor de edad, en mi condición de twittero, mentalmente hábil hasta donde sé, declaro que es mi voluntad respecto a las cuentas en twitter y facebook que a mi muerte éstas se mantengan activas, para lo cual el nuevo administrador ha de seguir estrictamente las 5 disposiciones que se indican a continuación:
1. De las cuentas. Entiéndase por tales mis cuentas en las redes sociales: facebook y twitter. Jamás las cuenta del banco, ¡mosca pues!. La regla aquí es muy simple y la he aprendido en más de un tweet leído por ahí: en facebook se admiten a los amigos y en twitter se siguen a los que esperamos lo sean. Mis principios son muy simples: no escribir de política partidista, ser útil a los demás, no responder ofensas de nadie y alentar a los amigos. La contraseña es la misma para ambas cuentas: xxxxxxxxxxxxx y es mi voluntad que las administre el librero del pueblo. Que por qué él. Bueno, es un gesto de gratitud por la cantidad de libros que me dejó llevar solidariamente y sin retorno de la biblioteca pública, haciéndose el menso.
2. Del contenido de los tweet. Con sólo seguir los principios de la claúsula uno, todo irá bien. Por el amor de Dios, jamás ha de postearse acerca del festival del sombrero de la reina Isabel, el divorcio de Tiger Wood, o el noveno matrimonio de Elizabeth Taylor. Déjese a esa pobre gente en paz que ya tienen bastante. La tecnología, la PI y la literatura son mis temas preferidos, hablar de ellos con frecuencia mantendrá el perfil. Pero, ¡cuidado!, no todo lo que se publica es literatura, aunque se haya vendido alguna vez en la librería Marks & Co, de la 84, Charing Cross Road.
3. De mis seguidores. A ellos hay que mimarlos, atenderlos, saludarlos, responderles diariamente, hacerles RTs y darles #FF. No se ha de spammear, generar discusiones estériles, ni mostrar un perfil irreverente al twittear que haga que ellos salgan corriendo y le den a la cuenta unfollow varios, sin piedad. Sea humilde. No olvide ni un minuto la sentencia de Umberto Eco: “Nada detendrá la vanidad”.
4. A quién seguir. Siga a quien le sigue, pero jamás a vendedores que le ofrezcan ganarse 5 mil dólares por tweets o un viaje por Champs Elyseés en la carroza de Cenicienta, a las doce de la noche. De esta gente aléjese y busque más bien personas afines a sus intereses….no sea farándulero que Ricky Martín dijo ya lo que en su pleno derecho tenía que decir y Angelina no es anoréxica. No se enferme por la falta de atención de los gurús de twitter, y si después de treinta años de estar siguiéndolos, recibe por fin de ellos un DM, una mención o un follow, por lo que más quiera, no empiece a pegar gritos como loc@, tómese más bien una taza tibia de té siberiano y cuente hasta cien antes de que le empiece a dar una vaina.
5. Mañas de twittero. Finalmente, no debe olvidar por nada del mundo: twittee preferiblemente en horas de la mañana y en la noche, pocas veces desde el trabajo y núnca cuando esté en su luna de miel. Las horas de la mañana y de la noche tienen mayor tráfico de tweets, las horas laborales -salvo que le paguen por twittear-son de la empresa, y en la Luna de miel en vez de twittear se suele hacer otra cosa aún más divertida, a menos que ese matrimonio no sea realmente una miel.
Un año después. En el cielo.
-San Pedro!
-Si hijo mío
-Necesito volver a la tierra aunque sea por un instante.
-Para qué, hijo?
- Para mandar a las pailas del infierno al librero malnacido que administra ahora mis cuentas en #redessociales, por haber cometido el delito infame de damnatio memoriae.
-Y eso qué es?
-Me borró del mapa y me echó postmorten al olvido.
-Cómo?
- Cambió mi avatar y colocó en su lugar una foto de pink floyd en un concierto en Londres de Rockparadise, se dió a la tarea nefasta de spammear a medio mundo con invitaciones fantasmas a un festival de franelas mojadas y perversidades varias, dejó de saludar a los amigos y núnca más dió un #FF a nadie. Colocó también un tremendo y vistoso “Like” en la página de playboy, subió videos y viejas fotos al desnudo de Pamela Anderson y ofreció sin pudor a señoras desesperadas, casarlas en matrimonios múltiples en la isla de la Española. En nueve meses el único tweet que posteó el susodicho malnacido sobre ”literatura” fué una referencia al libro “cómo destruir la repetución de un twittero y no morir en el intento”
-Hijo mío, sin embargo he recibido acá en el Cielo noticias de gentes de tu pueblo quienes dan cuenta de que los motivos innobles del librero fueron por venganza.
-Cómo así?
-Sí, hijo mío. Él habría jurado por la madre que lo parió tomar venganza de ti tarde o temprano. Tú, pobre twittero distraido, hace diez años atrás te llevaste de la librería sin darte cuenta, entre un montón de libros usados, su ejemplar autografiado del KAMASUTRA.
Plop!
Twitter es una herramienta fantástica para comunicar afectos. Aunque no hay piel de por medio ni contactos de manos o abrazos, la buena vibra se siente cuando un seguidor o seguido de sanas intenciones envía un tweet transparente como el agua y con él un trozo del alma.
Quién no se ha erizado cuando el tweet de turno es más o menos así:
“Mirando el sol…cálido como vos”
“En medio del crepúsculo…como durmiendo en tus brazos”
Sólo un insensible podría seguir indiferente a estas desgarraduras de afectos, a estas voces de la piel.
Las redes sociales han contribuído a la interconexión, a la búsqueda de amigos, al combate de la soledad. Sin embargo, no todo es color de rosa.
Cómo permanecer indiferente ante tantas manifestaciones de falta de delicadeza y solidaridad, de arrogancia extrema, envidia o ignorancia en las #redessociales. La cosa no es como para ponerse a cambiar el mundo y decretar una ley universal de humildad net. No, simplemente es que a veces nos invade la certeza de que estamos aquí para mostrar lo mejor de nosotros, lo que nos aleja del mono y nos acerca al hombre…y de que los seres humanos mostramos ese lado oscuro sólo cuando ya hemos perdido todas las esperanzas.
En twitter existen por lo menos 5 conductas -o plagas decimos nosotros- que podríamos evitar. Si no lo hacemos no estamos dañando a nadie, lo se, pero me aventuro a creer que podríamos intentarlo. Veamos:
1. La arrogancia. Qué podemos decir de aquellos personajes a quienes en twitter los sigue medio mundo, todos les hacen retweet, menciones a granel, followfriday, followparty, followyourself y cuanto follow existe en el planeta. Su autosuficiencia es tal que no siguen a nadie, o apenas a unos pocos, no hacen retweet de ninguno ni mucho menos menciones…no, jamás!.
Sus tweets no traen pedazos de alma, sino una ceja levantada y un mensaje oculto por encima del hombro que dice algo así como:
-”Oh, tú existes?…realmente no me había fijado”
Da cuenta la historia de un pobre twittero que tras 3.000 tweets de saludos enviados diariamente a uno de estos personajes, al final de sus días recibió como recompensa de vida una frase célebre:
-”Hola”.
2. El egoismo. Hay gente en twitter que si pudiera se hiciera un autofollow y abriera una caja fuerte en un banco para guardar la información. Jamás se alegran con el éxito de los amigos, evitan hacer menciones de los logros ajenos, rechazan la interacción con el grupo, no contestan los saludos, no promocionan los eventos de interés general, y en fín: no comparten.
3. La Envidia. Creo que todos podemos identificar rapidamente a los personajes que la padecen: sus tweets llevan mucha bilis a la red, y cuando ven a un twittero con bastantes seguidores lo primero que dicen no es que los ha ganado a pulso y con mucha dedicación profesional, sino que los ha comprado por ahí con unos cuantos dólares de más o simplementemente que esos seguidores son spamers que le están vendiendo online hasta su propia partida de defunción. “Qué tiene él para merecer esa atención de tanta gente si yo tengo mejor perfil” -dicen, autoflagelándose los intestinos.
4. La vanidad. De cero a 100 seguidores: siguen a todo el mundo y saludan más que una candidata al miss universo. De 101 a 1000 ya los amigos iniciales empiezan a perder interés y son suplantados por unos nuevos. De 1000 a 10.000, comienzan a hacer listas con sus verdaderos “amigos dignos”, y cuando están en el renglón 10.001 a 100.000 borran todas las listas y ya apenas saludan y siguen, pues los demás que saluden y los sigan a ellos: son ahora muy importantes. Cuando llegan al millón de seguidores ya no son de este mundo!
5. La Deslealtad
-Hola
-Hola, cómo has estado amigo mío, no te había visto en mi TL en los últimos días.
- Ehhh, no. Imposible. Estaba revisando los borradores de la última conferencia que dicté en el encuentro mundial de nuevos twitteros del planeta marte. No creo que pudieras estar allí. No calificabas. Sólo fuimos los gurú del pajárito y cada uno de nosotros llevó una velita amarilla para cantarle a capela el happybday to you al mismísimo Jack Dorsey. Fuí el mejor!
-Por la conferencia?
-No, porque soplé con él!
Reflexiono en silencio acerca de todo esto y me desiluciona un poco. Pero el sentimiento de desazón pasa enseguida cuando me digo ensimismado bueno vale tú como que eres tonto no sabes que cada quien tiene derecho a hacer con su vida lo que le plazca…y en fin mostrarse tal cual es sin importarle un bledo su prójimo, que en definitiva no es suyo sino simplemente prójimo.
-Es verdad- repito.
Reacciono. Repiques de campanas. Murmullo de voces. Música de piano. Olor a incienso del sol a medio irse.
Arrodillado en la tablita de madera de la iglesia, justo enfrente de la ventanilla del confesionario, le hablo al sacerdote:
-Padre, eso es todo lo que queria decirle de twitter. He pecado!
-Con cuál de las cinco, hijo mío.
-Con todas, padre!
-Pues le impongo entonces diez padrenuestros y cinco avemarías de penitencia para que se redima, y no vuelva nunca jamás a quebrantar sus valores ciudadanos por las andanzas con un pajarito azul.
Las personas solemos guardar con mucha devoción la imágenes de los momentos más estelares de nuestras vidas, no tanto porque queremos recordarlos -que puede ser el caso- sino sobretodo para demostrarle a los amigos más cercanos que efectivamente los hemos tenido.
Quién no ha sostenido o escuchado conversaciones como éstas alguna vez en su larga vida tan breve, como dice Vila-Matas.
-Te has fijado que hermoso él cuando era niño, provocaba comérselo de solo mirar esos cachetitos de durazno; y ese pelo! convendrás conmigo que se parecían a unos rizos del sol. Fíjate cómo ríe…
-Y tú, acaso no has reparado en estas fotos hermosas de mi primera comunión en las que estoy con cara de virgen en elevación a los altares del Espiritu Santo …mira que chulo, el Cura en bendiciones y yo en observaciones. Waoooo!
- Y ésta de la graduación en la universidad?….ahhh no. Fin de mundo, esa es pura perdición….
- Y la del matrimonio, no me vas a decir que no es un primor esa cara de idiota que puso Alberto cuando el Cura le preguntó si me aceptaba por esposa. ¡Claro que me iba a aceptar!: mi padre estaba sentado justo detrás de él.
Las fotografías son pues el mejor testimonio de lo que hemos sido y probablemente la causa de las más estruendosas carcajadas de la cuales haya tenido conocimiento la humanidad. Por supuesto, depende del nivel de desparpajo del oteador de turno.
En las redes sociales el avatar suele ser una fotografía o cualquier otra imagen que identifica – o da pistas – acerca del titular de la cuenta. Ahora, ¿un avatar ha de ser para siempre? debemos cambiarlo con frecuencia? conviene colocar sucesivas imágenes nuestras que no guarden relación entre sí? ¿es nuestro avatar un discurso?
Todas estas cuestiones nos inquietan y he allí por qué decidimos escribir esta entrada en medio de cavilaciones de insomnio. El resultado: estas 4 razones para concluir en la inconveniencia del cambio frecuente de avatar.
1. El avatar es nuestra marca. En el campo de la propiedad intelectual los atributos de una marca son: i) susceptibilidad de representación gráfica, y ii) carácter distintivo. Eso quiere decir que cualquiera sea el avatar que escojamos, para que tenga atributos de marca ha de ser claro, preciso, completo en sí mismo, facilmente accesible, duradero, y objetivo. Además, el avatar debe tener la cualidad de diferenciarse de los demás.
En las redes sociales ello importa mucho, pues gracias a ese avatar podremos diferenciar el origen, la frecuencia y la calidad de los contenidos que recibimos, respecto de las demás fuentes que igualmente son proveedoras de ellos en la red. Quién podría imaginar, por ejemplo, a Mac Donalds sin la M amarilla y a Nike sin la “pipa” o V acostada de la victoria. De ninguna manera. Posicionar la marca se traduce en quédate ahí en la mente de las personas y de ahí no te moveré ni te haré ningún cambio, a menos que el gran público demande un remozamiento. Por el avatar os conocereis!
2. Crea ilusiones. No me van a decir los adolescentes varones dentro de los cinco millones de seguidores de Lady Gaga, que la siguen sólo porque saben de memoria la canción “Bad Romance”, y en el caso de las chicas que siguen a Justin Bieber porque tiene cara de niña. ¡Si hombre, nos van a engañar con eso! La verdad es que el avatar de estos personajes inducen a los chicos a tener más de un mal pensamiento y expresiones que no reprimen y hasta tweetean sobre ello a los cuatro vientos sin que les importe un bledo.
Nosotros los adultos somos más conservadores. El avatar de algunos de nuestros seguidos o seguidores nos encanta y lo adoramos con discreción, en posición de culto. Hasta tenemos con ellos fantasías mojadas que se vuelven más secas que el desierto de Sahara cuando el dueño del avatar en cuestión – hombre o mujer - se le ocurre la bendita idea de cambiarlo y poner en su lugar la foto del perro que acaba de comprarse. ¡Por Dios, no es igual un avatar con traje de baño de la pareja Pit-Jolie en las islas fitji, que el hocico pinky de la perrita chihuahua de Paris Hilton!
3. Es nuestro primer discurso. La imagen primera y la que quedará fijada sin remedio en la mente curiosa de todos los que invertimos varias horas en redes sociales como twitter o facebook. Sabemos de personajes en twitter a los que han terminado mandando a la porra con un unfollow de vértigo por causa de un discurso visual inapropiado. claro, se suele dudar de quien no es coherente en el discurso, y esa incoherencia se manifiesta en la falta de armonía entre lo que se quiere transmitir, y lo que finalmente se trasmite.
4. ¡No cambia tu edad!. Esto es lo más divertido. Si a alguien se le ocurre hacernos un recuento cronológico en su avatar, mostrándonos el impacto progresivo que causa en él los efectos del tiempo, tal vez terminemos llorando a mares, como lo hicimos ya cuando leímos los Diarios de Sandor Márai. En ese diario, el escritor Húngaro nos narra, paso a paso, la grave enfermedad de su esposa y la forma cómo cierra él su diario y su vida con la frase ” ha llegado la hora”. Luego de eso se pega un tiro.
De ninguna manera, pues, cambie nada. Déje allí esa fotografía hermosa que tiene en el avatar, que le sienta muy bien y no la toque ni que se lo ordenen los mismísimos Mark Zuckerberg y Jack Dorsey. En ella usted no cumple años, no se arruga, no se enferma, no envejece (y si es ya viejo en la fotografía, no envejecerá más) …por lo tanto, no le dará usted la satisfacción a sus semejantes de verlo irse lentamente a dormir el sueño infinito del no retorno.
En fin, creo que lo he dicho todo sobre este asunto.
Salvo que estas cavilaciones las hago desde la sala de traumatología del hospital central, sitio de reclusión donde me encuentro en recuperación tras la golpiza salvaje de unos desconocidos a sueldo. La confesión de uno de ellos a la policía, dió cuenta finalmente que todo fue por encargo de una hermosa mujer 2.0 que se sintió burlada por mí en nuestro primera -y única- cita face to face 1.0, pues yo era un tipo horroroso -dicen que dijo- que ni remotamente se parecía a la la ilusión que le había creado durante varios meses el avatar con fotografía de George Clooney que tengo en mi segunda cuenta de Twitter.
Somos seres gregarios por naturaleza; amamos la compañía, sobre todo la buena compañía.
De chicos, jugueteamos sin malicia con los demás niños y si no los tenemos cerca los inventamos. He allí la razón por la que a menudo -a temprana edad- solemos dar la impresión de que hablamos solos, cuando la verdad es que lo hacemos con nuestros amigos inventados, esos fantasmas ocultos que están por todos los rincones y acuden a nuestro encuentro con tan sólo invocarlos en voz baja. Jugamos de todo y todo en nuestro mundo es un juego. Preguntamos mucho y las respuestas realmente no nos importan. Un niño jamás querrá tener respuestas que lo conviertan anticipadamente en un adulto.
De adolescentes, en cambio, somos más bien retraídos, rebeldes, introvertidos, solitarios. El bullicio apesta, y nuestra búsqueda se reduce a cómo hacer para juntarnos con otra soledad para hacer dos soledades que terminen siendo una compañia, que no fastidie…que pregunte menos.
Ya adultos, no preguntamos nada. Obvio, el adulto cree saberlo todo y por eso se abstiene.
Por eso de adultos terminamos rodeados de gente a la que siempre tememos cuestionar o preguntar por regla social, o porque el Manual de Carreño aconseja que donde vayais lo que veais, lo que traducido al castellano significa: aunque te parta un rayo, cállate la boca. !
Cómo entender y convivir pues con esos amigos adultos. Es que acaso se creen ellos de verdad con el derecho a llamar a cualquier hora para contarte sus cuitas más triviales, pedirte dinero prestado, hablar a sus espaldas de un amigo común, o simplemente felicitarte entre dientes por un acierto de género mientrás por dentro los revienta la envidia?. Qué fuerza de la naturaleza podría devolvernos a la niñez para decirles en ese momento a esta clase de amigos offline, con nuestra cara angelical y el desparpajo del Chavo del Ocho:
- Pedro.
-Sí, Rafael.
-Por qué no pintas algo.
-Qué podría ser.
-Un bosque y piérdete !
Esa realidad usual del mundo offline nos ha ido arrastrando lentamente a los amigos online, seres omnipresentes de hoy que sólo se esmeran por ofrecernoss sus virtudes….lo demás no importa. Aquí algunas:
1. Preguntan y estimulan hacerlo. Es como volver a ser niños de nuevo. Lo preguntan todo, desde el lugar donde nacimos hasta la comida típica, el clima, pasando por el tipo de cambio del país, y terminando con las perplejidades nuestras, sobre todo aquellas acerca del origen de la sal en el mar, el sexo de los angeles y la inmortalidad del cangrejo.
2. No Envidian. Ernesto Sabato, el gran escritor argentino, nos enseña que el ser humano suele tener una palabra de condolencia para los familiares de su semejante muerto, no porque lo lamente, sino como tributo final al hecho de que el muerto ya no será su competencia. Los amigos online no actúan así. Son más sinceros, no te ven como competencia ni la temen. Cómo temer de alguien a quien sólo encuentras en la red con el gesto de la mano y el impulso de un click ?
3. Son espontaneos. Los amigos 2.0 comparten de todo y con todos. No son tacaños y te ofrecen en abundancia. Desde un link de interés hasta una frase o una fotografía suelen viajar por la red con la velocidad del rayo y la encomienda de hacernos feliz. De modo que no hay que esperar hasta el día siguiente para tener alegrías. Cómo no ofrecer en abundancia si la red inagotable alcanza para todo, hasta para organizar una entrega de plegarias virtuales en cadena, en menos de 3 minutos, desde Los Pirineos a la Tierra del Fuego.
4. Están lejos. Tan cercas como un click y tan lejos como más nunca. No los vemos sino en la pantalla de nuestros computadores y los sabemos tan remotos que de solo saberlo nos entra un fresquito. O es que acaso vamos a negar que más de uno de nosotros casi muere de un infarto cuando una pareja de amigos offline se nos ha presentado en casa, sin avisar -con el cuento de darnos una sorpresa- cargando a cuestas con un niño recien nacido, la abuela reumática, un perro de pulgas, y un loro. Dios !. Los amigos online son una bendición !
5. Ninguno se comerá tu queso. Cómo van a comerlo sino tendrán núnca la oportunidad de saber donde estamos fisicamente. Y si llegaran a saberlo, no es de sabios propiciar el encuentro, pues la ilusión de la amistad nace de la distancia y el misterio hace la magia. Dos seres hartos de si mismos sucumben sin remedio a las fauces del tedio.
Terminada esta entrada y aún en el estudio, me quedé reflexionando un poco más sobre el asunto.
Acaso Internet nos hará cada vez más virtuales y menos humanos ? o acaso la necesidad de amistad es tan grande en estos tiempos de hoy que se ha mudado a otros nichos. Cualquiera sea la verdad, me dije, la mayor diferencia entre mis amigos offline y amigos online es que tendré que lidiar muy a menudo con los desaciertos de los primeros y aún así seguirlos queriendo, mientras que los excesos de los segundos los puedo resolver para siempre con tan sólo una tecla de mi PC.
En este último caso, sí, lo haría sin duda. Apretaría la tecla, convencido de que las lágrimas no circulan por las redes digitales.
Qué cambiante es el ser humano y qué capacidad tan grande tenemos de acomodarnos a las circunstancias, por muy adversas que sean. Sólo quienes no poseen esas cualidades son devorados sin piedad por la ley de selección natural, y definitivamente, éstos son la minoría.
Apenas hace pocos días todo era bullicio, alegría global por la Copa Sudáfrica 2010, banderas de todos los paises, pintas en los vehículos y en las caras, vuvuzelas, pulpos, quinielas, apuestas…y hasta pies descalzos y caderas inquietas de Shakira
No obstante, cuando los jugadores de España levantaron la Copa, y más tarde tomaron el avión y se fueron a celebrar con algarabía por las calles de Madrid y Barcelona, más de un hincha quedó sumido en la más absoluta depresión, yo entre ellos.
Qué hacer ahora, – me dije entonces. Cómo volver a la realidad de 365 días sin contar ya con la locura global de 8 mil millones de ojos humanos, siguiendo fijamente un balón durante 30 días. Cómo asumir que era el final si el ser humano antes de admitir que todo se acabó, prefiere imaginar que el objeto de su alegría durará aún un poco más.
En medio de ese vacío, qué hacer con tantos recuerdos, con objetos y hechos que perviven en nosotros con alargue de agonía… esas especies de desechos sentimentales que no terminan de pasar.
Tras este Mundial, seis de ellos no terminan de morirse; permanecen vivos aún, aunque desprovistos ya totalmente del esplendor de hace unos días. Veamos:
1. Los Televisores pantalla gigante de restaurantes y plazas. Cuántos ojos los vieron, apreciaron su resolución de última tecnología, sus imágenes nítidas en HD, y los hicieron vibrar por el ruído del grito de goooooooooooooooooooool, a todo gañote. Hoy son aparatos exóticos que algún otro destino tendrán pero jamás con la cobertura e imagenes como las de la Copa. No dudo sin embargo que podrán servir ahora en algunos casos para disimular los huecos en las paredes, o como receptores solitarios de la señal en vivo de un campeonato local de canoas de pescadores de arrastre, en el golfo de Paria.
2. Las banderas multicolores. Aquello parecía una fiesta del Sambodromo de Río cuando las gradas hacían la ola y las banderas se agitaban en el Soccer City, con quiebres de bambú. Los colores eran una especie de mosaico en movimiento, pasando de mano en mano hasta detenerse y reiniciar luego su marcha, entre cánticos y vuvuzelas. Dónde estarán hoy todas ellas, qué hacer para hacerlas converger de nuevo, con idéntico fervor de gente. No será facil, mientras tanto seguro permanecen cada una por su lado en el baúl más recondito de las casas, quietas, inertes, solas, como a la espera de una segunda oportunidad que no tendrán.
3. Las pintacaras. Imagino el tiempo que pasó toda esa gente, colocándose una base fuerte a manera de protector para cuidar la piel de la cara. Luego el fondo blanco y a continuación la bandera o el color del equipo o el logo o cualquier detalle que mostrara sin pudor el amor por su divisa. De quién serán las caras ahora y cuántas de ellas se necesitarán para evitar que todos los pintacaras del planeta terminen arrinconados, carne sólo de mimos y payasos. Valga decir que testigos hubo después del Mundial que escucharon con asombro diálogos como éste: mi amor no notas algo, siento que la cara me arde, como fuego. No, no te noto nada, sólo un enrojecimiento de la piel y un poco de pepas por doquier. Un poco de qué?. De pepas. Pero pepas pepas?. Claro, ni modo que pepas no pepas.
- Nooooooooooooo ! - dicen que se escuchó en el tocador, tras un portazo !
4. Las vuvuzelas. La historia recordará este Mundial como aquel en que el ruido de una abeja y un elefante se juntaron en una trompeta alargada y se adueñaron del planeta. Fué un acontecimiento ensordecedor pero no se recuerda éxito de marketing semejante. Cada quien regresó de Sudáfrica con su vuvuzela entre manos, orgulloso de traerse a casa los sonidos de Africa. Sin embargo, qué hacer ahora con ellas, cómo usarlas sin el temor de que el vecino de enfrente nos termine denunciando ante la asociación de animales salvajes, por creer que ocultamos en el jardín de casa una cría de elefantes.
5. Paul. La crónica oficial da cuenta que después del Mundial de Sudáfrica, Paúl fué liberado de su cautiverio y elevado a la categoría de gran adivinador oficial de la corte del País de los últimos días, donde tenía derecho real a ración doble de almejas. Le duró poco. Su suerte cambió cuando, requerido por el Rey acerca de quién era el preferido de la Reina entre él y su hijo, el pulpo eligió al jardinero.
Cuentan que el pulpo fue degradado y entregado a bajo precio a unos comerciantes nómadas del desierto de Atalaya, donde fué vendido al dueño de un circo de variedades. En una carpa a 60 grados de temperatura y por 50 centavos de dólar, Paul le mostraba a una fila de hombres anonadados cómo el sensor en uno de sus tentáculos fué lo que le generó geneticamente su afición por el color rojo.
Nos encontramos a tan sólo un día de saber quién ganará #elmundial: los españoles o los holandeses.
Las apuestas suben como el costo de la vida, y los más apasionados ya han empezado a festejar con la más absoluta certeza de que su equipo no perderá la final ni siquiera porque lo prediga Paul, el pulpo.
Yo, en cambio, no se si me importa más el triunfo de mi equipo favorito en el último juego o terminar de pensar qué haré cuando el árbitro suene el pitazo final. No es facil. Ha sido un mes intenso, de pura abstracción mental, alejado de la más trivial y purita realidad, viviendo mis propias alegrías de gol y celebrando -deportivamente- las derrotas ajenas.
El mundial me ha dejado cosas hermosas, entre ellas esos dribbling entre un bosque de piernas que terminaron con el balón en el fondo de la red, o las coloridas banderas en caras femeninas de las gradas, o Sara Carbonero con micrófono entremanos, o los aplausos VIP y brinquitos de emoción de las actrices y princesas.
Ahora, lo que si se me quedó definitivamente archivado en mi disco duro de hincha apasionado y peor entendido, fueron estas ocho cosas:
1. El Waka Waka. No me van a decir aquellos varones que criticaron la canción en pre-estreno diciendo que era un fraude y que mejor fué la anterior de Ricky Martin o la actual de Bisbal, que de bromitas no les dió un soponcio, o una cirimba como dicen mis amigos los dominicanos, cuando en el estreno del video vieron a Shakira en TV bailando descalza con un movimiento de caderas de infarto.
2. El pulpo Paul. No se si es un ardid, o una simple trampa mediatica, pero este bicho bendito tiene un mes en el trendig topic de twitter y no hay medio de comunicación en el planeta que no haya replicado una alusión a sus predicciones. Pensándolo bien, si Paul es tan acertado no estaría mal ponerlo como asesor del Banco Mundial para que prediga la próxima caída que generará la recesión global
3. Maradona, el técnico. Diego Armando fué un jugador excepcional. Aún hoy persisten las comparaciones con Pelé y los argumentos de fanáticos de ambos bandos se dejan sentir, pretendiendo para su favorito el trono definitivo de mejor jugador de la historia del futbol. Como tecnico sin embargo fué una novedad. Verlo allí en el stadiúm, todo formal él con traje gris y corbata, alentando a los muchachos y repartiéndole abrazos a diestra y siniestra, fue para mí algo único. Lo que no imaginé nunca fué que hiciera falta una vez más la mano de Dios.
4. Las vuvuzelas Yo no se si el ruido de esta especie de trompeta larga se asemeja más al de los elefantes o al de las abejas, pero estoy seguro que más de un tímpano ha quedado por ahí hecho trizas, y cuando regrese de Sudáfrica y la señora de la casa grite y anuncie al cobrador de turno, el diálogo con el dueño del oido maltrecho será más o menos así:
- Juan, el cobrador !
- Qué
- EL COBRADOR AL TELÉFONO!!!
- QUE QUÉ ?
5. El gol de Messi que no llegó. Pocos no fuimos los que esperabamos con ansiedad el bendito gol que no llegó. Cónchale, era él, Messi, el niño prodigio del Barcelona, el mago del gol, el argentino de oro. Que injusticia, ahora más de uno le echa la culpa de la derrota a su sequía de goles y pide como castigo que se inmole, que vaya hasta la avenida 9 de julio y justo frente al Obelisco, se arrodille, levante los brazos al cielo, y jure que no lo hará más.
6. Francia e Italia en las primeras de cambio. Dos equipos de tradición quedaron en el camino en la primera ronda, las cosas no se le dieron como esperaban, y por primera vez en muchos meses fueron titulares en la prensa local con más intensidad que Carla Bruni y el premier Berlusconi.
7. Negocio y realidad. Nadie niega que el futbol es el juego más famoso del planeta. La FIFA es el gobierno global, administra un negocio de derechos de transmisión, imagen, entradas a los stadium, pone las reglas, pone los árbitros (!!!) y pare usted de contar. Me pregunto cuál será el destino de esos hermosos stadium?, a lo mejor ya hay un plan con ellos, seguro que sí. Pero que bueno sería saber si por fin, gracias al futbol y su maquinaria, se ha podido lograr el milagro de que menos niños se levanten hoy sin hambre en la tierra de Mandela.
8. El Penalty que acabó con la ilusión. Si Asamoah Gyan acierta el penalty contra Uruguay, Ganha no solamente pasaba a la semifinal, sino también hubiera logrado el milagro de producir con tan solo un puntapié el momento de alegría más celebrado en el continente africano. A veces los pueblos necesitan un momento de alegría para no perecer de tristeza.
Mi hijo de 15, que ya son casi 16, se acerca a mi portatil, mira el título de esta entrada y pone cara de papá es un enfermo, todavía no ha terminado el mundial y ya él habla en pasado, como si todo hubiera acabado. Además, me dijo, no puedes hablar de lo que el mundial te ha dejado porque todavía no sabes qué pasará mañana.
“Qué pasará mañana” - retumban en mi cabeza las últimas frases de mi hijo.
Sí, me digo. Se muy bien lo que pasará mañana. Habrá un pitazo final, una copa levantada en medio de una marea de camisetas rojas o naranjas, y mucha gente triste por el final del torneo, erroneamente convencida con la más absoluta de sus certezas, de que la verdadera alegría es redonda, dura un mes, y solo se vive cada cuatro años.
Yo, en cambio, releeré Vila-Matas, regaré mis plantas, cuidaré el nido de los pájaritos en el oregano verde, y esperaré la noche sentado en la terraza, con Drexler y un vino tinto.
Salud !
Qué hacer ante la frustración de ver cómo el equipo al que le ibamos en el juego de hoy se despide sin atenuantes con una derrota 4 a 0.
El primer sentimiento es de rabia contenida, de desilusión por no verlos en esa anciada final, celebrando, alzando la copa y haciendo el paseo de la victoria mientras en las gradas los hinchas -entre ellos yo -les gritábamos a rabiar todo cuanto le agradecíamos ese momento de alegría.
Me entraron ganas como de llorar pero creo que no valía la pena… el juego estuvo bien, los del equipo contrario fueron superiores, corrieron mucho y tienen una técnica depurada. Pienso que sobrevaloramos nuestras opciones de triunfo y no pensamos nunca en la velocidad del contrario, en su fuerza arrolladora y en su tradicional pasta de campeón.
Provocaba empezar ya a echarle la culpa al técnico, a los jugadores, a los arbitros, a cualquiera… alguien tenía que pagar caro esta derrota.
En todo esto cavilaba en las gradas del estadium, cuando una mano en el hombro me devolvió a la realidad.
Era mi hijo. Aún sudaba por el esfuerzo en el campo de futbol, donde su equipo había perdido el derecho a pasar a la semifinal intercolegial de futbol.
- Tránquilo papá – me dijo mi hijo futbolista de 15 años – hoy no hemos ganado, pero te juro que nunca me sentí tan felíz como ahora de saber que tú, mi padre, has creído que yo podía ganar y mira que lo intentamos.
Lo miré y asentí con la cabeza. Lo tomé del brazo y salimos del stadium, celebrando silenciosamente nuestra victoria personal.
Las personas con impedimentos para hablar se las han ingeniado a lo largo del tiempo para establecer a toda costa un mecanismo alternativo de comunicación con los demás. Desde los grabados en las paredes de las cuevas y subterraneos, pasando por los ruidos guturales, el grito, las señales de humo, hasta llegar a la escritura. Pero sobre todo, han tenido el silencio y vaya cuán profundo y prolijo podría ser el discurso silencioso de quien no tiene una palabra para dar.
Todo ello conduce a una conclusión evidente: al ser humano le gusta comunicarse con sus pares, pero sobre todo ama hablar, hablar sin parar y sin importarle mucho si nos escucharán. Por lo general, en una conversación de grupo el ser humano no escucha a los otros sino que espera impaciente su turno para hablar…sufre de incontinencia verbal.
En la calle, por ejemplo:
- Mi amor, que bella estás hoy, pareces una flor de esas que espero ver todas la mañanas al levantarme y oler en mi jardin para que mi corazón se despierte y me impulse a salir a tu encuentro como quien sale al encuentro de la última coca cola del desierto -se oye el piropo desde la esquina de la plaza. !
- Ridículo – es la respuesta inferida. &&&&$$$”"”?????????%%%% (censurado el resto del discurso de ella, quien ni siquiera mira)
- ¿Y ésta que se habrá creído -masculla entre dientes el inferido- que por llevar esos pantaloncitos apretadados y tener ese porte de quinta finalista del miss Venezuela piensa que tiene derecho a maltratarme así de esta manera, a mí que soy apenas lo mejor que viene quedando de la fauna masculina casi ya en extinción? … no hombre vale !! . Y por ahí se va él, refunfuñando y soltando como cien palabras por minuto en un discurso interminable para sí mismo.
En el juzgado…
- Señor Juez, de conformidad con el artículo 1578 del código incivil de esta república de hombres probos y no tantos, declaro la impertinencia y falta de idoneidad del valor probatorio de la pruebas acopiadas y producidas en el debate probatorio por cuanto de las mismas no se desprende, con indubitable certeza, que nuestro representado fulano de tal…..wao !!!
En la Comisaría de Policía, en el acta del suceso:
“Trátase de cuerpo másculino de lividéz cadavérica en posición de decubito dorsal con orificio de entrada en el parietal izquierdo con salida en la oreja derecha presumiblemente ocasionado por arma de fuego disparada a corta distancia, pues se aprecia anillo negro alrededor del orificio…”
Así hablábamos, y así escribíamos.
Pero todo esto cambió. Un buen día, a principios del siglo XXI, a Twitter se le ocurrió que nuestro discurso 2.0 había de reducirse a 140 caracteres.
Fin de mundo!
Inmediatamente hubo una revolución: los piropeadores habituales se sublevaron por miles y marcharon hasta la Asamblea Nacional reclamando el derecho de mantener su interminable verborrea en la red del pajarito azul.
- “esta limitación viola nuestros derechos, es anti cultural, es anti-idiosincrático !
Los abogados, más conservadores, no marcharon pero dejaron sentada su protesta y juraron sobre la Biblia primero muertos que acortar sus brillantes discursos en los estrados de la red 2.0.
- “ A ese pajarito azul somos capaces de demandarlo en litis consorcio activa todos los abogados del planeta. Qué se habrá creído” – dijeron a voces.
Por su parte, en las comisarías de policía los funcionarios callaron. Sólo se escuchó decir a uno de ellos, entre dientes:
- ” Si nos piden adelantar el reporte por twitter, nos fregamos ”
Como en las telenovelas, pasó un año. Hasta los más reacios se fueron adaptando, y cuando alguien les preguntaba a veces sobre el cambio por la nueva tecnología, decían, repitiendo a un filósofo venezolano, “estamos mal, pero vamos bien”.
Al cabo de ese año, los cambios eran evidentes y sorprendentes:
El piropeador:
- ¿ Mamita, me dejas teclearte ?
El abogado en estrado:
- Señor Juez, reproduciendo el mérito favorable de las pruebas, declare sin lugar la pretensión demandada !
En la Comisaría, preparando reportes 2.0
“- Trátase de cuerpo masculino con disparo a quemarropa en la cara”
Dejé de cavilar sobre estos cambios que produjo Twitter en la gente.
No obstante, como reparando por primera vez que yo formaba parte también de esos cambios, me sobresalté y dije, cónchale cómo expresarle a la mujer de mis sueños todo lo que he escrito hoy para ella, esas frases hermosas que desde este hotel a solas se me ocurren en su ausencia y que suenan más o menos así:
“Mi lejanía presente en este instante en que te estoy pensando, podría ser al mismo tiempo una lágrima tuya que quisiera ser río y venir a mi encuentro y llevarme contigo y volver a ser gota no ya de lágrima, sino de sudor de nuestros cuerpos juntos”.
-Me fregó Twitter, dije.
Cinco minutos después me senté de nuevo al computador.
-No, dije sonriente.
Abrí mi cuenta de twitter, borré la frase anterior que excedía de 140 caracteres, y en su lugar simplemente escribí como DM:
- “Te amo “.
Mucho se habla en estos tiempos del poco interés de los adultos de la tercera edad por las nuevas tecnologías; parecieran éstas cosa de los adolescentes, de gente 2.0 o nacidos en la era de Michael Jakson, Britney Spears, Shakira, Cristina Aguilera, Beyonce, Lady Gaga o Justin Bieber.
En todos los tiempos, desde la invención del fonógrafo al teléfono, pasando por el cine, la televisión, la radio, las emisiones satelitales, y más recientemente Internet y los dispositivos móviles convertidos en verdaderos puertos de comunicación, ha habido gente que se ha rezagado, que ha sido reacia a los cambios, a las nuevas formas de encarar la comunicación, pues en ocasiones el cambio se mira con temor, con incertidumbre y como algo que distará mucho del habitué de nuestra zona cómoda.
Es una cuestión de seguridad, de sentirnos cómodos con lo que conocemos y expectantes ante aquello que promete cambios pero que no sabemos si al final terminará dando al traste con nuestro pedacito de confort.
En resumen, el hábito por las nuevas tecnologías es inversamente proporcional a la edad; a más edad menos amor por la tecnología.
Mi abuela es la excepción.
Un domingo de visita familiar -confieso que no son muy frecuentes- la encontré en su casa, sentada frente a una computadora portatil, chateando con una amiga virtual de la Polinesia Francesa, abiertas todas las ventanas de las redes sociales, un Ipod de ultima generación conectado a los oidos y un Ipad recien comprado que prometía empezar a usar, para agarrarle el paso.
- Hola nieto – me dijo. Ya te enteraste que bastó apenas unos meses desde la salida de Bill Gates de la presidencia de Microsoft, para que Steve Jobs se adueñara del mercado?
-Era predecible -remató.
“Era predecible” -repetí para mí las últimas palabras de la abuela - al tiempo que pensaba definitivamente este mundo se ha vuelto loco, mi abuela prediciendo el futuro del mercado de la tecnología …no te digo yo: fin de mundo !!
Confieso que no se quién ha inculcado en la abuela ese amor por la tecnología, cómo y cuándo operó ese cambio radical en ella, y los más desconcertante dónde diantres está el abuelo y qué rol jugaba en aquella casa donde ya se hablaba más de Bill Gates - William Henry III le llamaba mi abuela - que de los tangos de Gardel, los ensayos de Borges o la Poesía de Rafael Cadenas.
Dejé a la abuela en su computadora. Fuí al estudio del abuelo: allí estaba recostado en un sofá, en medio de una pila de libros por doquier, un sillón de piel a medio desgastar, una lámpara de luz muy clara, una fotografía matrimonial: él de frac, ella de blanco, con un vestido de cola infinita en primer plano…dormía.
Regresé con la abuela. Fuí directo al grano.
-Abuela y esto ?.
- Esto qué ?
- Pareces una carajita, abuela.
Mi miró con cara de reproche, se encogió como quien va a dar un salto y me dijo:
- “Esto” , querido nieto, es un salto adelante. Mira para que veas:
1. “Esto” me ha alejado de la soledad. Ya no estoy sola, me conecto, uso mi tiempo libre en encontrar nuevos amigos aunque virtuales, lo cual acrecienta mi esperanza de que algún día los conoceré y podremos tomarnos un té todos juntos – tu abuelo incluído por supuesto -y hablar de cuando eramos jovenes y prometíamos cambiar el mundo. No sabes nieto cuán dolorosa es la soledad. Ve aprendiendo: la compañia de los otros es una fortuna que se pierde con los años.
2. “Esto” es un médico en casa. Te confieso que no se qué hago primero cuando se agudizan los achaques: llamar al médico o conectarme a Internet para buscar los síntomas y sus prescripciones. Tú sabes, los adultos tendemos a la hipocondria, y yo gozo de lo lindo teniendo a mi disposición, a la velocidad de un click, todos los diagnósticos posibles. Que cuál escojo entre tantos: cuál va a ser, el que mejor me convenga, jajaja.
3. “Esto” recuperó mi discoteca. No sabes cuán felíz me siento de tener lo que tu llamas “esto”, y que me permita, con tan sólo un dispositivo minúsculo, recuperar esas canciones que hasta ayer permanecían apiladas en mi colección de álbumes de vinilo de 33 revoluciones. Ahhh, que maravilla !
4. “Esto” es el amigo más complaciente. Que perro ni que perro, “esto” es el mejor amigo del hombre. A un computador, por ejemplo, le escribes, lo tocas, pasas todo el día con él, te permite que te conectes con los otros y no se pone celoso, le hablas y calla, no te replica, no te acosa… lo dejas cuando quieres y vuelve cuando lo llamas…es amigo silencioso.
5. Finalmente, nieto, “esto” es un antídoto contra la impertinencia. Que maravilla, nieto, cuando tu abuelo se pone crazy y empieza a refunfuñar por cualquier cosa, a hablarme de las batallas de la Independiencia de España y darme los detalles sangrientos de cómo mataron a su padre en el mismo trecho donde aparecía el silbón, te juro que me entra una ansiedad profunda y lo dejo hablando solo y enciendo la portatil.
- “Este es mi chance ” – me dije.
- Abuela, y qué ha habido con el abuelo, lo encontré solito por allá, dormido en su estudio de siempre, en su maravilloso mundo offline.
La abuela me miró con cara de reproche, como si le hubiera recordado algún episodio infelíz. Me dijo que discutía con él a menudo porque no ha querido seguirla en sus inclinaciones por las nuevas tecnologías, que le cuestionaba su afan de dar el salto.
- Y qué hiciste, abuela ?
- Le di unfollowback !!
Este año tomé la decisión nada menos y nada más que de abrir una cuenta en Twitter y el blog EL BASTON DE BORGES. Les juro que antes de dar ese sabio-o infortunado?- paso, yo era felíz, tenía todo el tiempo del mundo para mí y leía literatura como el que más.
Pues todo eso cambió de la noche a la mañana con Twitter.
El primer cambio vino con mis libros, a los cuales usualmente acariciaba, olía y leía con avidéz. Hoy permanecen dispersos por ahí, en la biblioteca de casa, mirándome de reojo como diciendo pero bueno vale cuando vuelves a ser tú y te dedicas a nosotros, como siempre.
El segundo fué con mi esposa. No me mira de reojo como los libros pero si se preguntará que tanto teclea este hombre en esa computadora día y noche, Dios ! , será que está escribiendo los quince tomos de la nueva edición de la Enciclopedia Británica ?
Confieso que el bendito Twitter giving me a lot of trouble. Pero es tan adictivo que primero me despego del cobrador del seguro que de mi cuenta en Twitter.
Me he puesto a pensar qué causa esa adicción en nosotros, por qué todos queremos estar siempre echando un vistazo a la cuenta en la PC o en el BB. Será que sentimos necesidad de estar bien informados, enterarnos de todo, pezcar una primicia, ver en fotos el nuevo novio de Paris Hilton, o en video el último desmán de Amy Winehouse ? Será eso, chico ?
Pues no. Nada de eso. Afirmo, decreto, establezco -después de mucho cavilar sobre este mal de comienzos del siglo XXI – que esto es ego puro y duro, así de simple. EGOOO del bueno, si señor !
A continuación mis cinco razones que confirman la premisa:
1. Amo una mención. Reviso mi Timeline a la velocidad del rayo pero enmediatamente voy tras alguna mención de @rafaelfarinas que justifique mi existencia en este planeta tierra, o mejor en este mundo 2.0.
2. Quiero muchos RTs de mis Tweets. Por qué no van a retwittear mis tweets otros twitteros -me digo- si todo lo que twitteo es importante y el planeta tiene que enterarse que cuando hubo el reparto de neuronas yo llegué primero.
3. El #FollowFriday es lo máximo. El viernes podrá haber caído la bolsa estrepitosamente, bajado el precio del dólar, crecido la inflación, aumentado la criminalidad, todo eso puede pasar, pero nada es más importante que abrir tu cuenta y empezar a ver muchos #FF de gente que dice que eres lo mejor del mundo y que si dejan de seguirte se estarán perdiendo algo así como la transmisión en vivo del primer paso del hombre en la Luna.
4. Amo tener una abultada cuenta de Followers. Creo que este es el más preciado bien del ser humano 2.0. Cada follower que sumo diariamente me justifica y me hace sentir que si ellos se han tomado la molestia de seguirme es porque yo soy interesante -más que interesante, por qué no – Esto es tan cierto que cuando hace apenas unos días el servidor de Twitter tuvo problemas y dejó a medio mundo sin seguidos y seguidores, el tema llegó al top de la red 2.0, y hubo suicidios masivos como si de la bancarrota familar se tratara.
5. No quiero Unfollowers. Santa María de todos los twitteros, no lo permitas. Nada más depresivo que recibir un mensaje directo del señor @unfollowr diciéndote quién te mandó a la porra, bien por aburrido o porque eres tan x en la vida que no mereces la conmiseración de tu prójimo. Wow, eso duele amigos, que se lo digo yo que he llorado a mares frente a la pantalla de mi PC. No suelo preguntarme qué hice mal, sino decirme con cara de transformer ¡ me las van a pagar !. Unfollow back immediately.
Bueno, ahí están, esas son mis 5 razones por las que no me despego de Twitter.
Por cierto, al terminar el viernes de cavilar sobre este post, me sentía realmente mal. No había tenido menciones, cero RTs, nadie se acordó de mí y me dió #FF, tuve a penas un seguidor en todo el día que duró apenas unos minutos y después voló, y lo más dramático: 25 unfollowers de un solo viaje, como para que me dijera lo que vales es nada, eres nadie…muérete !
Dejé la computadora, salí al balcón, tome aire, giré en dirección a mi habitación y le conté las desgracias a mi esposa.
- Mi amor – le dije – soy un X en la vida, soy nadie. En suma, soy apenas un ser 1.0, un carcamán offline, pues.
- Ahh sí, -dijo ella. Pues te confieso que yo creo que ni siquiera eres un 1.0, sino un 0, pues en esta casa nadie hizo la cena.
-Ploosss. !