En los últimos días se ha generado en todos los medios, especialmente a través de las redes sociales online, una intensa campaña en virtud de dos hechos significativos: el intento de aprobar en el congreso de los Estados Unidos de Norteamérica la Stop Online Piracy Act, mejor conocida por sus siglas en Inglés como Ley SOPA, y el cierre del popular sitio de descargas MegaUpload.

La Ley SOPA es una herramienta legislativa más, que tiene ya sus antecedentes en otros países y con otras denominaciones: la ley Sinde, en España; la ley Hadopi en Francia, la Digital Economy Act en el Reino Unido, y el acuerdo comercial multilateral  de lucha contra la falsificación o Anti-counterfeiting Trade Agreement, conocido por sus siglas como ACTA. Algunas convertidas ya en leyes, otras envueltas en complejos procesos de lobby pero en vías de adopción, otras engavetadas o simplemente rechazadas en el proceso de discusión pública y legislativa correspondientes. Lo cierto es que, cualquiera haya sido o sea el destino que les toque en suerte, todas han surgido con las mismas motivaciones y con igual propósito que la ley SOPA: crear mecanismos jurídicos más efectivos contra la utilización ilegal en internet de contenidos protegidos por la propiedad intelectual.

Tanto en lo que tiene que ver con el cierre de MegaUpload como con la Ley SOPA, se distinguen claramente tres grupos de interés: i) productores e intermediarios de la industria del entretenimiento, ii) los autores y artistas, iii) los usuarios. He aquí sus distintas posturas acerca del asunto:

i. Productores e Intermediarios de la Industria del entretenimiento. Sostienen que el alojamiento de contenido en un servidor, especialmente películas, videos, canciones, y su consiguiente distribución o intercambio, sin la debida autorización, es un atentado a sus derechos como titulares y particularmente atenta contra la inversión en la producción y comercialización de tales contenidos.

ii. Autores y artistas. Dentro de este grupo hay quienes defienden el sistema del derecho de autor y los derechos conexos, invocando a su favor protección para sus obras y prestaciones, y otros quienes, por el contrario, se acogen al sistema de las licencias Creative Common. Las licencias CC son, por naturaleza, gratuitas, pero han de otorgarse de manera expresa.

iii. Usuarios: Bien de manera espontanea en la mayoría de los casos, o coordinadas a través de algunos grupos de interés, las reacciones de los usuarios de internet no se han hecho esperar. La consigna es: esta ley SOPA y todas las que se le parecen son un atentado a la libertad de internet. Esta ley SOPA y las acciones tipo MegaUpload eliminan, acaban, pulverizan el derecho de todos a acceder a los bienes culturales, que en internet se intercambian sin restricción, en absoluta libertad. Palabras más, palabras menos, estos son algunos de los argumentos de los usuarios.

Pues bien, sin ánimos de cuestionar las razones legítimas que cada sector tiene para defender su postura respecto a  estos asuntos relativos a la utilización de contenidos creativos en internet, creemos que:

Las diferencias entre los tres sectores se debe a que están inmersos en una estrategia de confrontación, orientada al conflicto, a la negación de los derechos del otro.

La industria del entretenimiento, y muy particularmente los productores de música y audiovisuales, tienen derechos de propiedad intelectual que son incuestionables. Sin embargo, han de asumir de una vez por todas que el sistema actual de distribución de los contenidos debe cambiar, debe adaptarse a la nueva realidad de internet. En esta plataforma digital la gente quiere tener el poder de decidir qué comprar y cuándo comprar; no quiere seguir siendo un espectador pasivo, reducido a simple consumidor de un menú que otros elaboran y ponen a su disposición.

La cadena de comercialización, y el resto de los intermediarios han de revisar los costes finales al usuario. En internet no se justifica la puesta disposición de obras literarias, artísticas o científicas a altos precios. Es razonable que se recupere la inversión, pero ello en internet es completamente factible apostando más bien a una fórmula de volumen y precios bajos.

Los autores y artistas también tienen el derecho a la protección de sus creaciones y prestaciones y es legítimo que pretendan recibir una contraprestación económica por su utilización o distribución. Sin embargo, en muchos casos,  esa ilusión se ve truncada con el coste elevado de sus agentes de intermediación, con la firma de contratos de producción y editoriales injustos, por  el incremento de la piratería, por el uso indiscriminado de sus obras y prestaciones sin pago alguno.

Finalmente, en cuanto a los usuarios, hay que reconocer sin mezquindad su derecho humano a acceder y disfrutar de las manifestaciones culturales en todas sus modalidades, tal como lo establece el art. 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hay que asumir definitivamente que internet ha desmontado las ideas paradigmáticas en la mayoría de los sectores industriales y comerciales, ha creado otra dinámica, ha hecho de todos nosotros un consumidor de cultura más independiente, más exigente, más libre. Los usuarios de Internet más que el cobro, cuestionan es el sistema. Aún desde este cuestionamiento, los usuarios reconocen que la libertad no implica necesariamente gratuidad, pero si la más absoluta independencia a elegir y compartir. Y de eso se trata.

Ese es el equilibrio que hay que procurar y defender.

Sólo los que no buscan ese equilibrio, los que por razones económicas de un modelo existente  –legal o ilegal- que anteponen con todo su empeño a un nuevo sistema de utilización y distribución de contenido más justo y menos oneroso podrían querer la indefinición del conflicto y asumir sus consecuencias. El resto, que somos la gran mayoría, apostamos más bien  por un internet libre, por unos creadores y artistas mejor remunerados y por una industria de intermediación a tono con la realidad de estos tiempos.

 

 

 

 

Así se titula la reciente novela del enfant terrible de la literatura francesa, Michel Houellebecq. Precedida de la opinión favorable de la crítica y del premio Goncourt, confieso que iniciamos su lectura con gran curiosidad, una especie de aventura con los ojos cerrados, emprendida  con la esperanza de toparnos a través de sus páginas con grandes hallazgos.

Tal vez el hecho de no haber leído antes nada de Houellebecq le imprimía además a la aventura una especie de vértigo, pero no se por qué extraña razón era total la certeza de que nuestra curiosidad estética sería compensada con creces.

Y así fue.

Adentrarnos página a página en El mapa y el territorio fue una especie de subida a una montaña rusa de última generación donde las sensaciones se suceden una a una, a gran velocidad, con esa especie de temor-gozo donde ya no puedes hacer nada para evitarlo pero que al final agradeces haber vivido. La propia cita de introducción de Charles D´Orléans, escogida por Houellebecq para dar inicio a su novela, es un desafío:

“El mundo está harto de mí y yo estoy harto de él”.

Y con ese reto comienza el combate  de un creador que va desgranando impecablemente el mundo de los silencios entre seres  cuyo destino es estar separados para siempre, el mundo del arte contemporáneo con todas sus vicisitudes y sus miserias, la fotografía nítida de una sociedad con reglas precisas en extremo, capaz de decidir a dedos, implacablemente, dónde comienza y dónde termina la linea precisa del éxito y el fracaso.

La novela nos lleva de la mano, sin soltarnos un instante, por los caminos del arte y de ese mundillo donde las influencias de hombres y empresas -sobre todo hombres y empresas de grandes capitales- deciden la suerte de las obras y sus creadores. Qué más da que se trate de arte contemporáneo, lo que importa es que las obras terminen formando parte de sus valiosas colecciones privadas después de salir airosas de las habituales guerras de precios. Por eso no fue extraño conseguir en esta novela al mismísimo millonario mexicano, de origen Libanés,  Carlos Slim Helú, axhorto ante el cuadro Bugatti, en el que se reproduce el Bugatti Veyron 16.4, el automóvil más rápido y el más caro del mundo.

Dos momentos cumbres: la gran exposición, donde las obras danzan de un lado a otro en respuesta las reglas del mercado, con sus títulos sugestivos que constituyen sin duda un guiño a los tiempos de ahora, por ejemplo: “Damien Hirst y Jeff Koons repartiéndose el mercado del arte“, y “Bill Gates y Steve Jobs conversando sobre el futuro de la informática“; otro:  el robo del cuadro “Michel Houellebecq, escritor“, hecho extraordinario que nos introduce en la parte final de la obra, donde el propio autor-personaje corre una suerte inesperada, y sorprendente.

¿Y por qué el arte como tema? …pues he aquí el guiño del propio Houellebecq, haciendo alusión al pintor y personaje principal: “se puso a hablar de sus cuadros, del trabajo que había emprendido hacía ya un decenio, de su voluntad de describir por medio de la pintura los diversos engranajes que contribuyen al funcionamiento de una sociedad”

Cerramos la novela con la convicción renovada de que el Libro es, en general, la herramienta perfecta para brindarnos placeres estéticos, una y otra vez… y otra vez.

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo nuevo año es como una lotería…no sabes por anticipado si te ha llegado el turno de ganar. Pero sea cual fuere el destino que nos toque en suerte, el mismo acto de pensar positivamente ya es un emprendimiento.

No hay una ocasión de mayor reflexión personal y buenos propósitos que el fin del año viejo y el comienzo del nuevo. Es una ocasión para renovar la  fe y la esperanza. Ha sido siempre en la tradición de los pueblos creyentes, la confesión más íntima del hombre que somos al hombre que queremos ser. Es una invocación desde el alma, un secreto a dos que contiene todo cuánto deseamos para los demás y para nosotros mismos.

Diciembre es propicio porque es el final del recorrido y el comienzo de un nuevo emprendimiento; diciembre es como el refugio solitario donde nos sentamos en silencio e invocamos todos nuestros fastasmas y al final del mea culpa prometemos ser mejores seres humanos y aunque sea por esa vez dejar de ser la parte mala de nosotros.  Mutamos completamente en seres de corazón, carne y hueso, pero sobre todo en seres de corazón.

Hoy hemos querido repetir nuestra  lista de invocaciones y buenos propósitos del año pasado, algo así como para que el alma se asome de nuevo por un resquicio.

La primera reacción fue imitar a nuestras amigas las mises que empiezan a darse golpes de pecho y prometen en su reinado acabar con el hambre en el planeta y la maldad entre los humanos. Dije ni de vaina, seré más terrenal y sincero y por el amor a Dios no pondré allí sino lo que me salga del corazón.

Y esto fué lo que me salió, palabra de amigo.

No me he portado mal, pero no tan bien como hubiese querido. Pero te confieso nuevo año que soy un hombre en vías de redención. Por favor, échame una manito con estas diez cositas:

1. Aléjame del Mono y acércame al Hombre.

2. Haz entender a los gobiernos del mundo que las revueltas y protestas sociales de estos tiempos  no cesarán mientras ellos se dediquen a exhibir descaradamente sus hipocresías

3. No permitas que los legisladores del mundo nos quiten la neutralidad de la Red. Internet es el espacio de las voces libres.

4. ¿Puedes hacer algo para minimizar la propaganda en la Red?…gracias!

5. Ayúdame a desvirtualizar a mucha gente bella que he conocido en las redes sociales. Tú sabrás cómo.

6. Las redes sociales son el mejor invento de los últimos tiempos ¿podrías garantizarme que cuando muera no perderé a mis amigos seguidores?. Pls, que mis seguidores permanezcan allí y los que me han abandonado y me abandonen en el futuro, encuentren una mejor fuente de referencia y un mejor amigo.

7. Dame el valor para hacer click en unfollow y deshacerme de la gente 2.0 a quienes parece que les hago daño con seguirles.

8. ¿Podrías reparar la mayor injusticia que se ha cometido en la literatura?…haz resucitar a Borges y que los suecos le den el Premio Nobel.

9. Cuida de mi familia y de mis amigos 1.0 de siempre y hazles saber que los ratos en la Red no me desviarán jamás de sus afectos.

10. Querido Nuevo Año:  una última cosita: si lo que queda de nosotros al final de la vida es el alma, ¿Puede mi alma seguir twitteando donde quiera que vaya?

 

En Confesiones de un Joven Novelista, Umberto Eco se empeña -y lo logra magistralmente- en adentrarnos en el mundo de sus libros y sobre todo narrarnos cómo los escribió y qué técnica empleó para ordenar, primero, todo el material usado para recrear las historias, y luego para escribirlas una a una,  de un tirón.

En ese libro recomendable habla del Autor empírico  y del Lector empírico. Y fue ahí entonces, leyéndole, cuando se me ocurrió la idea de escribir este post para expresar algunas ideas acerca de ese arte venido a más que consiste en construir perfiles ingeniosos  y hacer avatares fantásticos en tiempos 2.0.

¿Y por qué?…bueno, porque al final de todo lo que cuenta en las redes sociales  es cómo cada quien escribe su propia historia y cómo los demás la leen.

La cuestiones que nos planteamos entonces fueron muy simples: i) ¿qué induce a una persona a crear un nombre de usuario o un avatar, en twitter por ejemplo, de una manera y no de otra?. ¿Por qué lo personaliza? ¿por qué no? 2) ¿qué representa en los TL de sus seguidores o fans? 3) ¿qué significado tiene el nombre de usuario o  avatar para el dueño del perfil?

1. ¿Qué motiva el nombre del usuario o el avatar?. Los motivos son diversos y dependen de la personalidad e intereses  del dueño del perfil. Los más conservadores optan por su nombre de pila y una fotografía aceptable que lo catapulte sin más al mundo de los click. Otros actuan por razones empresariales y entonces colocan el nombre de la empresa y como avatar el logo para reforzar la marca. Los más ingeniosos, en cambio, pasan a la retaguardia del espejo y optan por unos nombres de usuarios abiertos, que hacen de las delicias de la imaginación: CabezaECaja, Askerosito, CiudadBizarra, CochinaPerra, Maracuchos, etc.

2. ¿Qué representan en los TL de los seguidores o fans?. Los usuarios de la red son lectores empíricos en tanto pueden leer la realidad de muchas maneras. CabezaECaja nos puede dar la idea literal de un tipo o una tipa con una cabeza cuadrada como un dado, pero paradojicamente el usuario real podría ser alguién con la cabeza redonda como un balón de futbol. Trasladado al mundo de las ideas, eso de CabezaECaja podría estar asociado más bien con un usuario de la red cuyas ideas no admiten ni por asomo una pizca de flexibilidad. Algo similar nos podría ocurrir con el avatar de Askerosito. Solo verlo causa rechazo visual, pero no nos extrañemos si algún día descubrimos que detrás de ese avatar horroroso hemos estado interactuando más bien con un sujeto pulcrísimo que de tanto bañarse suele quedar siempre blanquito como un sol.

3. Qué significado tiene el nombre de usuario o avatar para el dueño del perfil?. Para los usuarios normalitos no significan más que una extensión de su yo más íntimo, lo que desea transmitir en nombre, avatar y escritura; para los emprendedores, en cambio,  sólo son una marca más cuyo fin último es el posicionamiento. Pero la cosa es diferente en el caso de los ingeniosos. Ellos son atrevidos, y bajo el amparo de un anonimato vocacional, hacen todo tipo de acrobacias en los TL de todo el mundo y se vuelven por ello divertidamente frecuentes. ¿Y por qué actúan así, como con esa  especie de antifaz digital?. ..bueno porque en el fondo todos somos actores que nos desdoblamos en personajes varios para  aflorar sueños, inquietudes, deseos. Otras veces esa máscara es una pose para ocultar la propia personalidad que suele ser  inversamente proporcional a la que se muestra a simple vista.

No sería raro, pues, que al final de cuentas Maracuchos en vez de una lipa cervecera como lo muestra el avatar termine siendo un ken con un abdomen de chocolaticos,  Askerosito un sujeto adicto a la higiene personal con una sonrisa colgate,  y CochinaPerra una monja pura y castísima de la sagrada legión de María. ¡Todo es posible!

Sea como fuere, lo más importante es que detrás de esas presencias en twitter siempre hay un ser humano, con sus defectos y sus virtudes. Quienes los seguimos no esperamos de ellos más que sigan siendo humanos, ingeniosos y divertidos, y que de vez en cuanto muestren un resquicio por donde aflore el alma. No en vano lo dijo Tomas Transtromer:

¡”Cada persona es una puerta entreabierta, que lleva a una habitación para todos” !

 

 

 

 

 

 

Aunque no suelen faltar las voces en estos tiempos que predican  convencidos su muerte a los cuatro vientos,  el blogueo como medio de expresión goza de buena salud.

Las personas siguen optando por este formato para establecer una relación intima con la palabra, expresar sus ideas y convertirlas en obras; obras que terminan siendo de temática diversa y, en muchos casos, el bálsamo preciado de más de un internauta asiduo navegador y voráz consumidor de contenidos.

Esa relación íntima con el soporte y la palabra expresada en una pantalla, dejando que la imaginación vuele como el viento en la dirección de las musas, sigue allí, muy viva, activa, generando contenidos sensibles,  susceptibles de ser leídos o aprovechados según las necesidades de sus usuarios habituales. Pueden ser también sólo unas palabras sin mayor pretensión literaria o académica, sólo una frase, o por qué no: apenas un estallido de ánimo reflejado en caracteres…sólo eso!.  Sea cual fuere el propósito de esta comunión con la palabra, el blog vive y brilla hoy con la misma intensidad de los  afanes humanos de la red.

Ahora, esa intensidad que acompaña el contenido, que le genera tráfico a menudo, proviene de seres humanos sensibles, que tienen una necesidad de expresarse y hablarle a su yo más íntimo acerca de sus cuitas lacerantes. Y si esa conversación consigo mismo sirve, además, para que terceros lloren con ellos, rían con ellos, o se hagan participes de sus habituales viajes a través de la imaginación, !pues mucho mejor!.

En ocasiones el bloguero escribe en su propio blog, o lo hace para otros, o funge a su vez como coordinador de aportes de terceros. Las cuestiones que suele plantearse el bloguero a menudo son, entre otras, las siguientes: cómo registrar mi blog o mi página web,  dónde hacerlo, de quién son los derechos sobre las entradas que se suben al blog, cómo quedan los derechos de terceros colaboradores en nuestros propios blogs.

He aquí algunas respuestas.

1. Cómo se registra un blog. Un blog requiere, por lo general, un desarrollo de software y mucho contenido, propio o ajeno. Podemos registrarlo en la oficina de derecho de autor como base de datos creativa, como una obra protegida por su originalidad, la cual se materializa en la forma como se organiza, compila o se dispone la información que contiene el blog o página web. Adicionalmente, se puede registrar en la oficina de propiedad industrial como marca. El blog suele tener un nombre y a los efectos del registro el blog y sus diversos componentes han de tener dos cualidades: i) susceptibilidad de representación gráfica, y ii) carácter distintivo. Estas dos características son las que definen la unidad del blog o página, las que lo hacen diferente, único; las que posicionan y diferencian un blog de otro.

2. De quién son los derechos sobre las entradas o post publicados en el blog. La respuesta es: de su autor. Un post es una obra protegida por el derecho de autor. Los derechos sobre cada una de las entradas corresponden a quien las escribe, y son independientes de los derechos sobre el blog como base de datos. Si el bloguero es dueño del blog y además es quien escribe las entradas, pues sólo el tendrá los derechos sobre ambas cosas.

3. Especial referencia a las colaboraciones para el blog. Si por el contrario, las entradas son escritas por un tercero, a modo de colaboración que haya sido solicitada por el dueño del blog o página web, hay que tener en cuenta las siguientes particularidades: i) estos aportes así solicitados pueden ser gratuitos o a título oneroso. Salvo pacto en contrario, si es a título oneroso lo que se está pagando al autor son honorarios profesionales, no transferencia de sus derechos. ii) lo que tendrá derecho el autor del blog o página web es a publicar la entrada escrita por un tercero, salvo que en el contrato o compromiso se estipulen otras utilizaciones. iii) Sea cual fuere la naturaleza del contrato o compromiso, el autor de la entrada siempre conservará el derecho moral de asociar su nombre a ella. Es su derecho de paternidad, el cual, por naturaleza es inalienable, inembargable e irrenunciable.

En resumen, pues, no está demás poner atención al régimen de gestión y administración de los contenidos en blogs y páginas web. Son bienes intangibles que forman parte del patrimonio personal o empresarial, según los casos. No hacerlo es un despropósito, y los despropósitos desestimulan la hacienda y niegan el emprendimiento.

 

 

Todo comenzó hace  dos años.

Cónchale, parece que fue ayer pero de verdad es que ese día tenía una especie de soledad de esas en que nada parece tener sentido porque cómo va a tener sentido algo cuando eres un ser totalmente solo como la una, y despreciado sin razón aparente por todos los demás seres respingados de este mundo de carne y hueso.

Mi nombre es Carlos, y soy twittero por accidente y ahora gozo un imperio con esto de las redes sociales. Pero no siempre fue así.

Una prima de un hermano de un tío de un amigo mío me tropezó por casualidad en una fiesta de esas de perdedores y me dijo Carlos chico pero entra a las redes sociales y ponle un parao a toda esta gente de porquería y haz nuevos amigos y comparte con otros, ya verás que se te pasa toda esa rabia contenida. Evádete, me dijo. Y yo con cara de sorprendido le dije que no sabía qué era eso de las redes sociales y que por lo general cuando veía una pc fija o portatil no se por qué la confundía con un televisor. Ni que decir de los smarphone ni de las modernísimas  tabletas. No seas bruto me dijo, refúgiate allí y verás que la vaina es heavy y te pone full conectado con gente linda en todo el mundo y así desechas de un plumazo tanta miseria de esa gente que no te quiere bien, y para quien eres poco menos que nada.

Sí, le dije, ya estoy harto de no tener amigos y mira que hago el intento y con las novias tampoco se me da bien la cosa.  Debe ser que soy feísimo o que los demás son tan lindos que yo parezco una vaina rara, o sufro quizá de algún mal que aún deconozco pero que los demás aprecian de lejos y entonces todos salen despavoridos como alma que lleva el diablo.

Me puse manos a la obra y abrí mi perfil: lo primero era un nombre que se pareciera a mí pero no tanto. Ya se, dije, y le puse @…… recuerdo como ayer que mi primer tweet fue de antología: sin tener todavía ni un seguidor siquiera, grité o tuitié a los cuatro vientos: “buenos días, twitteros todos de la tierra”. ¡qué bolas!

Lo cierto es que la vaina me gustó. Poco a poco fueron apareciendo los seguidores. Yo feliz, pues tenía una semana siguiendo a medio mundo y a punto estaba ya de llegar al tope de seguidos y en peligro de ser catalogado en las entrañas de este nuevo monstuo como un spam despreciable.

Ah no, dije, ni por el chorizo, esto no me vuelve a pasar. A mí no me van a despreciar de nuevo así como así. Fue por esa razón que de los links noticiosos pasé a las frases, de las frases a los videos, de los videos a las letras de canciones, de allí a los auto-ayudas, me convertí en RT adicto, saludaba más que candidato en campaña, reía y lloraba con mis twitter panas, y a mis enemigos de la red ni con el pétalo de una rosa.

Me llené de seguidores, fuí el tipo más simpático  de la comarca. Todo el mundo decía pero chico cómo hiciste, qué éxito, no parecen vainas tuyas tú que eras casi un ermitaño y ahora eres alegre, compartes, te quieren, te miman, todo el mundo quiere seguirte y aplaudir tus genialidades. Eres casi la competencia de Justin Bieber.

Me dije yo no se pana qué será lo que hice pero lo cierto es que esto de las redes sociales es una maravilla, aquí todo el mundo es devoto voluntariamente de un ávatar de otro, sin importarle tres pepinos quién eres de carne y hueso o si tienes una tara social que te ha dejado a medio camino entre el mono y el estadio último de la evolución.

Los seres humanos somos gregarios por naturaleza y la inmensa mayoría tiende a la igualdad. Lo que pasa es que nunca faltan seres equivocados que pretenden ser más iguales que otros. Vaina de la gente en evolución.

Tiempo después, la prima del hermano del tío del amigo mío me volvió a encontrar:

Cómo te fue con las redes sociales, preguntó. Tienes buena cara. o,  ¿No me digas que ya te cansaste?

La miré sonriente, como adelantándole una confesión, y le dije:

- !Tas loca!

 

 

 

 

En un  medio tan interactivo como Internet, la clave en el comportamiento de los internautas está conformada por las dos C: actitud y disposición para COMPARTIR, y plena CONCIENCIA respecto de los contenidos que se proveen.

En Internet podemos optar entre asumir un rol de consumidores pasivos de contenidos producidos y distribuidos por otros, o por el contrario crear y compartir nuestros propios contenidos. Cualquiera de los dos roles determina la tipología del usuario red. Ya no basta simplemente con hablar, chatear…las personas también acudimos a la red por la necesidad de estar informados, de conocer, de saber. Vamos a Internet porque estamos seguros de que allí conseguiremos en tiempo real la información que necesitamos, o también para fidelizar un nicho, una audiencia objetivo que use, comente y comparta nuestros propios contenidos.

El contenido, pues, es la columna vertebral de las interacciones digitales hoy.

Por esa razón, son habituales en esta era digital las discusiones respecto de temáticas que guardan relación con los contenidos. De ellas surgen variados grupos de interés cuyas posturas, en un brevísimo resumen, podríamos clasificarlas en tres tipos:

Primero: La red es libre y también el contenido. Es la postura usual, la más frecuente, es la que defiende la libertad absoluta de la red y por ende de los contenidos que circulan por ella; se oponen tenazmente a los intentos de los gobiernos de crear mecanismos jurídicos de control en la red, propugnan la horizontalidad entre usuarios y rechazan toda forma de control, incluyendo los DRM o cualquier otro dispositivo tecnológico que limite o restrinja el acceso a los contenidos.

Segundo: Los contenidos gozan de una protección jurídica. Es la postura de los titulares de los derechos sobre las obras y otros contenidos. Creen y defienden la libertad de la red, pero sin perjuicio –dicen- del respeto por los derechos; defienden la integridad de los contenidos, su utilización lícita, y rechazan la piratería en todas sus modalidades.

Tercero: La ética como guía en el uso de contenidos.  Los defensores de este grupo de interés se proponen  lograr en la red acciones más justas, más humanas, más éticas; abogan por un equilibrio entre la libertad de acceso y el derecho de los proveedores de los contenidos.

Como nos enseña Savater, la ética es una actitud, una reflexión individual sobre la libertad de los demás, sobre sus valores y principios, una búsqueda acerca de las verdaderas razones que tenemos todos y que nos hacen ser de una manera y no de otra.

En lo particular creemos que no es difícil conciliar la primera postura con la segunda, sobre la base de un ejercicio ético. Cada quien proceda según sus valores, cada quien asuma según sus acciones. Tampoco negamos la necesidad y la eficacia de los dispositivos técnicos y las medidas tecnológicas de protección de contenidos, pero en caso de aplicarse, tales medidas no han de ser abusivas, prolijas, injustas, no han de imponer restricciones excesivas, no deben restringir de manera sustancial el acceso libre a los contenidos culturales.

Sí, pues. La aventura de compartir en la red es fantástica y muy fácil de llevar a cabo, lo difícil es hacerlo éticamente.

¡Ese ha de ser nuestro propósito!

 

 

Nicholas Carr nos enseña que los miles de billones de sinapsis que se producen dentro de nuestros cráneos atan las neuronas entre sí en un entramado de circuitos, provocando lo que pensamos, cómo nos sentimos, y lo que somos. (Carr, 2011).

De manera pues que cien mil millones de neuronas que pugnan a través de interacciones electroquímicas son las responsables directas de  que nuestras emociones fluyan en una dirección determinada, nos modelen…y se hagan acción.

A partir de esta compleja visión de cómo funciona el entramado cerebral, nos hemos preguntado  a menudo ¿qué estímulos suelen orientar la conducta habitual de los internautas? ¿qué los diferencia a unos de otros? ¿por qué algunos son conservadores  y otros optan por la irreverencia y la desmesura?

Dejando de lado  la condición personal de cada quien, en la Red hay dos factores visibles que en forma de estímulos suelen tomar por asalto esas zonas o barreras de contacto entre neuronas,  en las que se originan las emociones y por tanto de las que se derivan cada una de nuestras acciones: i) uno positivo o interés de compartir, ii) otro negativo o reacción a estímulos del entorno 2.0.

1. El interés de compartir. Los internautas asumen voluntariamente su condición de nodos. Los estimula y anima deseos de interactuar, de ejercer su condición de proveedores de información en todos los sentidos y a través de variadísimas modalidades de intercambio: páginas web, blogs, foros virtuales, mail, redes sociales, etc, etc. La relevancia del contenido del intercambio es secundario. Lo que cuenta es el hecho de estar conectado y compartir siempre con el otro, de poner a disposición, voluntariamente,  todo cuanto crea de interés para el entorno: desde información relevante hasta los contenidos más triviales de los que pueda disponer.

2. Los estímulos negativos del entorno 2.0. Son inducidos por las conductas de los otros que buscan la desaprobación y el rechazo: ofensas, ataques, burlas, descalificaciones, etc. En estos casos, los internautas víctimas suelen reaccionar negativamente a tales estímulos y producir respuestas similares que, al juntarse con las de sus agresores, terminan haciendo de la red una especie de batalla campal. La ley del talión suele estar a la vuelta de la esquina, o mejor dicho al alcance de un click. El internauta no duda ni un segundo en responder al agravio, y lo hace rápidamente, sin dudar, con tiempo apenas para pensar el efecto.

¿Qué induce a uno u otro tipo de estímulos en la red?

En el primer caso, esa innata cualidad del ser humano de hacer el bien, de complementarse en el otro. En el segundo, la creciente tendencia a la superficialidad más absoluta, al individualismo, a la negación del otro.

De ambos, el primero nos justifica, nos hace más solidarios…y más humanos.

Estas palabras del título parecen ser el clamor de cientos de twitteros víctimas cuando ven que sus frases recien salidas del horno -o de sus cerebros que también quedan hechos un horno de tanta originalidad- se pasean por los TL de todo el mundo así como así, facilito, discurriendo como manantiales,  sin que nadie tenga la menor sospecha de que esas hermosuras en letras  le han costado a ellos unas cuentas neuronas.

Claro, como lo iban a saber: unos &%&%%$&$%#$%, generalmente de mayor influencia y número de seguidores, se las han atribuído como suyas y las han hecho circular a los cuatro vientos, sin que los créditos de los twitteros autores aparezcan por ningún lado.

Siguiendo con esta onda medio forense, podríamos decir que la conducta típica, antijurídica, y culpable  del twittero victimario consiste en plagiar, esto es: atribuirse como propio el contenido creativo de un tweet ajeno, ya publicado previamente por su autor.

El iter de la conducta del twittero victimario se podría resumir así: pesca un tweet ajeno que por su originalidad le gusta, le atrae, y en vez de hacerle RT, lo copia enterito suprimiéndole el nombre del autor y lo twittea como suyo , así nomás como tomarse un vaso de agua, y sin que en su negra conciencia  quede ni una pizca de remordimiento.

Son por lo menos tres los perjuicios que se cometen con esa conducta deleznable, usual en la Red:

1. A la colectividad twittera. Porque todo el mundo queda deslumbrado con la susodicha frase y empieza a lanzar loas por todas partes, sin ni siquiera imaginar que van dirigidas a enaltecer a un gran impostor.

2. Al autor del tweet plagiado. Porque el pobre hombre o la pobre mujer jamás de los jamaces gozarán de sus 20 minutos de fama por el hecho de haber creado  ese tweet que le quedó fantástico, por causas de las andanzas desleales  de unos aprovechados no pensantes.

3. Al propio twittero victimario. Claro, porque este innoble ciudadano o ciudadana seco de ideas y  de abundante ingenio para las artes timatorias, ante tanta loas y RT que le llueve de todos lados, se termina creyendo el cuento de que ese tweet es suyo y empieza a pasearse eufórico por todos los TL del mundo mundial, como un pavo real.

¿Serán acaso estas conductas habituales en estos días de principio de siglo la consagración definitiva, el último estadio,  de lo que Lipovetsky llamó la era del vacío?…acaso el hombre de estos tiempos ya tiene asumido su predilección por las astucias?

En suma, ¿podrá el hombre de hoy apropiarse de las ideas, así sin más…?

Pues no.

Un Tweet original es una obra intelectual. Y como tal tiene una impronta personal, propia de cada quien, una forma muy particular de decir, de expresar. Un tweet es una especie de alma que exhibimos sin pudor…auténtica, que nos desnuda y nos entrega.

Quien se atribuye un tweet ajeno a la larga será descubierto. Ello es así, por una razón y nada más:

¡El alma no admite simulación!

 

 

Haruki Murakami es un escritor japonés de largo aliento, que  no sólo posee reservas físicas para correr a menudo, sino también para escribir grandes obras que tienen la cualidad de atraparte desde el inicio, como una promesa.

A diferencia del maratón, disciplina que practica desde el otoño de 1982, en sus obras transitamos por intrincados caminos de la ficción, pero al final de la lectura, en vez del cansancio disfrutamos del placer de la palabra bien hilvanada.

En Murakami, la anecdota es una excusa deliciosa para fluir como un río.

Seguros de la aventura, nos adentramos confiados, al encuentro de los Beatles, Billy Joel, Michael Jackson, Janacek, Astrud Gilberto, Vivaldi, Rossini, Perci Faiht, Curtis Fuller, Burt Bacharach, Martin Denny, Ben Webster, Duke Ellington, Harry Carney y tantos otros, cuyas melodías van y vienen en sus libros, como fantasmas.

Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo, Tokio Blues, Sputnik…, AfterDark, Al Sur de la Frontera…, Kafka en la Orilla, Sauce Ciego…, De que Hablo Cuando Hablo de Correr, 1Q84…obras todas para construir un credo en trocitos, certero, convincente, definitivo:

“La cualidad indispensable de un novelista  es, sin duda, el talento. El talento no tiene nada que ver con la voluntad. Brota cuando quiere, y en la cantidad que quiere, y cuando se seca, no hay nada que hacer”

“Después del talento, la siguiente cualidad que necesita un novelista es la capacidad de concentración, y además de ésta, la constancia”.

“Cuando en un momento de nuestras vidas, acuciados por la necesidad, deseamos que ocurra algo agradable, la mayoría de las veces el que llama a las puertas de nuestras casas es el cartero trayéndonos malas noticias”

“Podemos aprender que lo que de veras da calidad a la vida no se encuentra en cosas fijas e inmóviles (…) sino que se halla, inestable, en nuestros propios actos”

“A menudo, las cosas verdaderamente valiosas son aquellas que sólo se consiguen mediante tareas y actividades de escasa utilidad. Tal vez sean tareas y actividades vanas, pero jamás estúpidas. Eso pienso yo”

No solamente un credo desperdigado en libros deliciosos, sino también un epitafio, de su puño y letra, que lo resume todo:

“Al menos aguantó sin caminar hasta el final”.

En Murakami, el acto de escribir es una carrera de vértigo que no termina sino con el último aliento!